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5/12/10

Problemas de la medicina actual: relación médico-paciente, insatisfacción y los límites entre la enfermedad y la salud - Dr.Daniel Flichtentrei


Es posible que todo médico que ejerza su profesión en estos días se haya planteado alguna vez este interrogante: ¿Qué quieren los pacientes?

La desorientación respecto de qué es enfermedad y qué salud se instala a ambos lados del escritorio. Entrenados en el reconocimiento de los signos “duros” de la enfermedad como hecho biológico, en la búsqueda meticulosa de los indicadores objetivos de la patología, los médicos nos enfrentamos a diario con demandas de la gente que no encuentran satisfacción con uno ni otro criterio. Este conflicto permanente entre lo que sabemos buscar y lo que los pacientes pretenden encontrar se expresa a diario en la frustración que ambos experimentan sobre el acto médico tal como lo concebimos hasta hoy.

Gran parte de las consultas son la puesta en escena -a menudo de un modo patético- de alguien que busca donde no está aquello que ha perdido en otro lugar. Tal parece que en esos casos: o la enfermedad es más de lo que los médicos identificamos como tal, o las personas acuden a la consulta por motivos que no son enfermedades. O la definición de enfermedad se expande como una mancha de aceite dando lugar a la medicalización de todo cuanto sucede, o la sociedad debería ofrecerse pautas de reconocimiento de esos “otros problemas”con que aquella se confunde.

Es lícito pensar que, disueltas otras instancias donde las personas encontraban el apoyo, el consuelo y hasta la reparación del daño, la Medicina ha quedado como él único espacio que aún ilumina un vasto territorio de oscuridad cultural.
También podría pensarse que, sometida la relación entre médicos y pacientes a transformaciones estructurales de las que ni uno ni otro son responsables, aquello que se encontraba antiguamente en la consulta médica es actualmente algo imposible de hallar.

Entrevistas acortadas hasta su mínima expresión, insatisfacción laboral, burocratización del trabajo del médico, imposibilidad de una escucha sincera, en fin, la institucionalización de la“consulta video clip” conforman un ambiente particularmente inapto para el contacto intersubjetivo entre personas. Aunque, como la mayoría de las veces, es probable que el problema sea mucho más complejo que las pobres hipótesis con que intentamos explicarlo. Nada impide suponer que ambos motivos, y aún muchos otros posibles, convivan a la hora de encontrar explicaciones verdaderas.

El Golem, El Quijote y los relojes blandos:

La velocidad como rasgo esencial de las relaciones humanas, la líquida fluidez de los vínculos superficiales, la sustitución de la mirada humanizada por el tecno-ojo protésico, la degradación de la palabra como instrumento de conocimiento no podrían generar otros resultados. Pero, lejos de lo que la crítica superficial y el prejuicio sobre el modelo médico suelen opinar, estos rasgos de fragilidad implícita del vínculo afectan por igual a médicos y a pacientes victimizando solidariamente a ambos.

Ya no es cierto – al menos como generalización – que se llegue a la consulta en busca de una relación profunda y un conocimiento mutuo. No es verdad que siempre se reclame un espacio de sosiego y de escucha recíproca y, ambos, estén dispuestos a invertir el tiempo necesario para construirlo.

Tradicionalmente los médicos han recibido -muchas veces con razón- las críticas más duras respecto de su incapacidad para escuchar, para generar esos espacios de intercambio reflexivo que la gente supuestamente reclamaba. Hoy esas afirmaciones ya no serían posibles como regla general. No por que el médico haya adquirido habilidades superadoras de su tradicional hegemonía en la relación, sino más bien por que ya pocos pacientes las reclaman.

Es incómodo y hasta irreverente formular una crítica de la crítica, una metacrítica capaz de irritar a alguien. Es condenarse a la descalificación todo intento de cuestionar una crítica que, originada en razones verdaderas, hoy se repite automáticamente pese a las intensas transformaciones que lo que en su momento la motivo ha sufrido. ¿No valdrá la pena pensarlo un poco antes de descartarlo sin más?

Hoy, (como un Golem que devora a su propio creador), son los pacientes, - ahora im-pacientes -, los que reclaman resultados rápidos, sin esfuerzos personales, sin interrupciones indeseables al vértigo de sus propias existencias. Sumergidos en las mismas aguas tormentosas, médicos y pacientes, flotan en la deriva de un eterno presente.

Ya pocos reclaman evitar el naufragio desde que no hay viaje hacia ninguna parte. Nadie sabe exactamente hacia dónde se dirige. Ya nadie pide el acompañamiento hasta la tierra firme de la otra orilla desde que no hay ninguna orilla en el horizonte. En un puro devenir, navegantes en la inmediatez más absoluta, sólo nos resta acompañarnos mutuamente en el vértigo y la ceguera.

Es cierto que la tradicional actitud paternalista del médico no facilita la transformación de un paciente en un sujeto activo, comprometido con su tratamiento y autocuidado. Pero no es menos cierto que actualmente muchos enfermos demandan soluciones que los eximan de ese compromiso.
El lugar del esfuerzo personal, del trabajo sobré sí mismo para el logro de metas, se diluye en una serie de reclamos de respuestas inmediatas y a menudo ilusorias que los releven de ese esfuerzo.

Una nueva clase de pacientes llega a los consultorios aunque, ni tan nueva, ni tan sólo de pacientes, una nueva clase de individuos habita nuestras sociedades. El tiempo como escenario del esfuerzo sostenido, como requisito ineludible para cualquier logro futuro, parece haber desaparecido para dar lugar a un cortocircuito vital que, ignorándolo, habilita una supuesta “vía reggia” entre el deseo y su inmediata satisfacción. El futuro, también en este escenario, se desdibuja y es absorbido por un presente imperativo que demanda resultados instantáneos.

Es sintomático que desde diversas áreas se reclame simultáneamente por la falta de contracción al esfuerzo personal tendiente al logro de objetivos. Padres y maestros son un ejemplo más de sectores que nos advierten sobre este fenómeno. Cuando los fracasos escolares producen como respuesta la presión social para que se bajen las exigencias escolares, algo muy preocupante debe estar ocurriendo. Algo no tan distinto de lo que se pide imperativamente como respuesta a los excesos conductuales en la alimentación, el trabajo, la deprivación de sueño, el tabaco. Participamos de la ilusoria utopía de encontrar remedio a las consecuencias de nuestra propia conducta sin actuar sobre la causas evidentes que las originan. Sin embargo la hora de las explicaciones ingenuas y las recetas culpabilizadoras parece haber llegado a su fin.

Incluso en patologías crónicas graves como la HTA o la Diabetes se observa una tasa de abandono del tratamiento verdaderamente alarmante. La propia naturaleza de una enfermedad crónica queda definida por el intervalo prolongado entre la causa o la exposición al factor de riesgo y la aparición de sus consecuencias. Este retardo, inherente a toda enfermedad de largo curso, impide a muchos pacientes, pero también a muchos médicos, construir una representación sólida de los nexos causales entre la enfermedad y sus complicaciones.

Restricciones progresivas al tiempo de consulta y demanda de soluciones inmediatas constituyen una perfecta garantía para el fracaso terapéutico en enfermedades crónicas o en situaciones de riesgo potencial.

¿Cómo actuar hoy para obtener beneficios lejanos en el tiempo?

¿Cómo obtener representaciones eficaces de las consecuencias que el presente teje sobre el futuro?

En fin: ¿Cómo construir conciencia del encadenamiento temporal de la historia de una persona en un mundo de acontecimientos inconexos y de temporalidad fragmentaria?
No es infrecuente la incomprensión de la necesidad de organizar estrategias que contemplen cambios conductuales y tratamientos farmacológicos de manera articulada. Tampoco resulta excepcional que muchos pacientes prefieran los segundos a los primeros y, al cabo de poco tiempo, abandonen ambos.

¿Es la falta de adherencia a la prescripción un fenómeno de des-obediencia?

¿Es el fracaso en el control de enfermedades crónicas un tema de carencia de recursos?

Ciertamente los médicos tenemos mucho para hacer, mucho por aprender pero, alguien debería mencionar que los parámetros culturales que rigen la sociedad no son impuestos por los médicos y que resulta a todas luces excesivo asignarles la tarea de modificarlos o responsabilizarlos por el fracaso en el control de sus dramáticas consecuencias.

De las numerosas contradicciones que el ejercicio actual de la Medicina plantea hemos mencionado, y de manera completamente superficial, sólo dos casos:

1. Como el Hidalgo Caballero que tomaba los rebaños por ejércitos, con frecuencia tomamos malestares sociales por enfermedades y luego cuantificamos los fracasos sin percibir la diferencia.

2. En otra dimensión, la de las enfermedades crónicas más prevalentes y devastadoras del escenario epidemiológico en que nos toca vivir, médicos y pacientes aplicamos o reclamamos, resultados inmediatos sobre cuestiones inexorablemente alejadas en el tiempo.

3. La aplicación de estrategias útiles en patologías agudas al universo de las enfermedades crónicas es un grave equívoco sobre el que deberíamos reflexionar con mayor frecuencia.

En un momento de transformaciones aceleradas y relojes blandos sería prudente detenernos un momento y, contradiciendo la tendencia general, volver la mirada sobre nuestra propia práctica y dedicarnos a pensar/nos.

El escaso tiempo y la velocidad, causas evidentes del problema que planteamos, no pueden, no deben, ser admitidos como excusas para no hacerlo.

La imagen de un tiempo desdibujado y frágil, el vértigo centrífugo de una existencia que disuelve la posibilidad de la pausa reflexiva no deberían clausurar el ejercicio prudente de la razón ni la firme decisión de sustraerse a la seducción de los abismos.

1) Lo que los pacientes ignoran que saben y los médicos ignoran que ignoran - Dr.Daniel Flichtentrei
Dr. George Blog: Enfermedades crónicas y la importancia del ...

http://drgeorgeyr.blogspot.com/2010/09/la-dimension-humana-social-familiar-y.html

5/7/10

Emociones destructivas, como comprenderlas y dominarlas:ANSIEDAD IRA Y FALSAS ILUSIONES COMO CAUSAS DE CONFLICTOS E INFELICIDAD HUMANA: Daniel Goleman

La meditación es una técnica muy antigua que se practica desde hace más de 3.000 años. Durante muchos siglos esta práctica quedó reservada al budismo tibetano o a seguidores de filosofías como el zen. Sin embargo, en los últimas décadas, la lista de adeptos ha ido creciendo en los países occidentales hasta alcanzar solo en EEUU a una cifra que ronda los 10 millones de personas. Estas personas, lejos de tratarse de fieles religiosos, pueden ser desde profesionales agobiados por el estrés de la vida cotidiana, o pacientes a los que sus médicos o terapeutas le han aconsejado sesiones de exploración interior sea para mejorar o prevenir el dolor o para aprender a conectarse con sus emociones, o simplemente individuos interesados en profundizar en sí mismos y aprender a manejar sus emociones.
CURSOS DE MEDITACIÓN EN COLEGIOS, HOSPITALES, INSTITUTOS Y PRISIONES:
Tal es así que en EEUU se puede acceder a cursos o sesiones de meditación en los colegios, en los hospitales, en instituciones oficiales, e inclusive en algunas prisiones.
En España existen centros donde se pueden aprender diferentes técnicas, pero está todavía lejos de ser considerada una herramienta terapéutica. Eduard Punset con su constante peregrinar a través del mundo y los medios de comunicación, ha posibilitado que millones de hispano parlantes conozcan las bondades de la meditación, a través de sus entrevistas a científicos como Matthieu Ricard, desde su programa de TVE: Redes para la ciencia: http://www.eduardpunset.es/
Ver: La compasión: además de ser un poderoso antidepresivo es la emoción que nos hace más humanos - Dr.Matthieu Ricard
LA MEDITACIÓN CONTRARRESTA MUCHOS MECANISMOS CEREBRALES NOCIVOS ASOCIADOS AL ESTRÉS:
El interés de los científicos por la meditación comenzó por las décadas de los 60 y los 70 cuando se demostró que el uso de estas técnicas proporcionaba una extraordinaria concentración. El Dr. Herbert Bensor de la Universidad de Harvard (EEUU), a través de sus investigaciones llegó a la conclusión de que la meditación contrarresta muchos mecanismos cerebrales nocivos asociados al estrés. Sin embargo, el verdadero salto, y sobre todo su divulgación masiva, han llegado de la mano de una colaboración muy peculiar. El decimocuarto Dalai Lama, Tenzin Gyatso, ha puesto a disposición de los neurocientíficos occidentales su cerebro y el de sus monjes. De este modo, los religiosos se han visto con el cráneo repleto de electrodos de los sensibles instrumentos de que se dispone en la actualidad para fotografiar lo que ocurre en sus redes neuronales cuando practican la meditación.
LA MEDITACIÓN CAMBIA LAS EMOCIONES Y MEJORA NUESTRO SISTEMA INMUNE: En esta aventura se embarcaron eminentes investigadores de numerosas instituciones. Uno de los más activos en los últimos años ha sido Richard Davidson de la Universidad de Wisconsin, en EEUU. Sus trabajos no sólo se han hecho famosos por contar con un Nobel de la Paz como sujeto de experimentación, sino porque los resultados aportan datos interesantes y sorprendentes sobre la práctica milenaria. "Nuestros resultados indican que la meditación tiene efectos biológicos. Produce cambios en el cerebro asociados a emociones más positivas y mejoras en la función inmune".
Daniel Goleman, autor del best seller "Inteligencia emocional", publicó en un nuevo libro EMOCIONES DESTRUCTIVAS, los resultados de cinco días de fructífero intercambio que durante el año 2000 tuvieron un grupo de prestigiosos neurocientíficos y los principales representantes del Budismo Tibetano, con el XIV Dalai Lama a la cabeza.
"Lo importante es que la meditación cambia la base de las emociones" señala Goleman y añadió que los resultados de los experimentos «tienen importantes implicaciones para la gente a la hora de valorar sus beneficios».
Los estudios neuronales demuestran un incremento de actividad en el lóbulo frontal izquierdo, que es la residencia de las emociones positivas. Al mismo tiempo se reduce el funcionamiento de la región derecha, pero ¿de que forma repercute esto sobre nuestra realidad cotidiana?. Pues bien los neurocientíficos han observado que las personas que emplean más la zona izquierda tardan menos tiempo en eliminar las emociones negativas y la tensión que pueden provocarse, por ejemplo por un embotellamiento o una discusión con el jefe. Esta hiperactividad cerebral frontal izquierda conlleva también una disminución de la expresión de los centros vinculados al miedo y la cólera. Las investigaciones en los monjes budistas con años de experiencia en la meditación indican que éstos tienen una actividad significativamente mayor en el lóbulo izquierdo que las personas que no practican esta técnica.
NO ES NECESARIO METERSE DE MONJE EN EL TIBET PARA OBTENER LOS BENEFICIOS DE LA MEDITACIÓN: Los resultados confirmaron que no es necesario ser un consumado meditador para disfrutar sus beneficios y que los individuos que practicaban regularmente habían desarrollado, al igual que los religiosos, mayor actividad en el lado izquierdo del lóbulo frontal. Sin embargo, las excelencias de la meditación no se quedaron ahí porque los científicos comprobaron también en este grupo de voluntarios que el sistema inmune de aquellos que se habían entregado a la exploración interior era más potente que el de sus compañeros.
Las posibilidades de la meditación están todavía por explorar. Davidson y su equipo tiene en marcha un trabajo con pacientes depresivos, «del que aún no tenemos resultados». Sin embargo, John Teasdale de la Unidad de Ciencias Cognitivas y del Cerebro en Cambridge (Reino Unido) ya dispone de datos. Este investigador ha encontrado que la combinación de meditación introspectiva con terapia cognitiva reduce a la mitad las recaídas de los pacientes depresivos crónicos.
En el Centro Clínico Essen-Mitte, en Alemania, los médicos han empleado durante cinco años un programa de meditación introspectiva antiestrés diseñado por Jon Kabat-Zinn, un investigador de la Universidad de Massachussetts y autor de numerosos libros sobre este tema, en casi 3.000 pacientes con todo tipo de patologías entre las que se incluye el cáncer. La experiencia no se planteó como un ensayo clínico, de modo que no existen datos objetivos de los resultados, pero los facultativos observaron que la mayoría de los individuos experimentaba mejorías significativas en su enfermedad.
LA MEDITACIÓN, LA INTROSPECCIÓN Y EL CONOCIMIENTO DE LA EXISTENCIA: Hasta aquí algunos de los potenciales usos terapéuticos o preventivos de la meditación. Sin embargo, tanto el planteamiento budista como el de otras tendencias orientales en las que se emplea regularmente esta práctica va más allá. Su uso está asociado a un cambio de percepción de la realidad y a estimular los procesos de conciencia, algo que también interesa extraordinariamente a los científicos y que Goleman define como «conocimiento» de la existencia.
LA ANSIEDAD, LA IRA Y LAS FALSAS ILUSIONES SON LA CAUSA DE LOS CONFLICTOS Y LA INFELICIDAD: En la solapa de su libro Emociones destructivas, Goleman recuerda que según la filosofía budista las causas de la infelicidad y los conflictos personales son consecuencia "tres poderosos venenos", la ansiedad, la ira y "LAS FALSAS ILUSIONES".
Uno de los personajes que parece aprovechar este aspecto de la meditación para sus creaciones es David Lynch, el famoso director de la serie Twin Peaks o de películas como Terciopelo azul confiesa que consagra 90 minutos diarios a meditar desde 1973 y según recoge la revista Time añade: «Consigo más ideas en niveles de conciencia más y más profundos y además, tienen más claridad y poder».
EL CEREBRO JUNTA LAS EMOCIONES CON LOS PENSAMIENTOS: Lo que parece evidente es que este tipo de investigaciones se encuadran de lleno en la tendencia actual de lo que se denomina medicina integrativa, o psiconeuroinmunoendocrinológica, que se ocupa del estudio y la interacción mente-cuerpo, algo así como que viene a unir lo que nunca tuvo que estar separado: la mente, del cuerpo. Después de siglos de divorcio entre estos dos aspectos que describen al ser humano, «los nuevos datos que proporcionan las neurociencias están matando el dualismo cartesiano», afirma Goleman. «El cerebro junta las emociones y los pensamientos.
Los mismos circuitos que nos permiten pensar, nos permiten sentir», añade. Aunque explica que «el Dalai Lama insiste en que los científicos pueden saber todo sobre el cerebro, pero algunos niveles de conciencia no están limitados a este órgano». Quizá en las próximas décadas la neurociencia tendrá que traspasar estos límites.