21/3/11

Fórmula para no envejecer: ejercicio fisico como estilo de vida que lleva a mayor longevidad - Walter Bortz


El ejercicio preserva algo de nuestro vigor juvenil, incluso en la vejez. Cicerón.
Un estudio realizado por la American Cancer Society, mostró que en aproximadamente un millón de personas (4.600 de las cuales tenían una edad superior a los 85 años) la práctica del ejercicio físico tiene un efecto positivo sobre la longevidad. Otras investigaciones realizadas en Holanda y en Finlandia también confirman los efectos beneficiosos del ejercicio físico no sólo sobre la longevidad sino sobre las expectativas de la calidad de vida (esperanza de vida activa).
Esta esperanza de longevidad con preservación funcional disminuye con la edad. Puesto que existen numerosos estudios confirmando los efectos beneficiosos del ejercicio físico (como preservación del peso corporal óptimo y de niveles de tensión sanguínea normales, menor involución de las funciones respiratoria y circulatoria, prevención de la pérdida excesiva de masa muscular y densidad ósea, etc.), Walter Bortz concluye que la práctica de programas de ejercicio aumenta las probabilidades de preservar la calidad de vida de las personas mayores.

También comenta Rosenfeld (2) que el vigor, la resistencia, la agilidad y la capacidad aeróbica y cardíaca se mantienen a un nivel más alto en los sujetos que hacen ejercicio que en los inactivos. También observa este autor que el ejercicio mantiene niveles más normales de la tensión sanguínea, la glucemia y el colesterol. Estos efectos positivos del ejercicio también se confirman en los estudios sobre las poblaciones mas longevas del mundo cuyos vigorosos ancianos, además de comer frugalmente (sin presentar síntomas de desnutrición), se mantienen físicamente activos a lo largo de sus vidas (2).
Innumerables estudios apoyan la hipótesis de que las personas activas fisicamente mantienen algunos parámetros de edad biológica (o funcional) a un nivel más juvenil que el que muestran las personas excesivamente sedentarias.

EDAD BIOLOGICA Y BIOMARCADORES DEL ENVEJECIMIENTO: Esto concepto hademostrado su utilidad en la radiobiología, en gerontología y en los estudios de la NASA que sugieren que los astronautas pueden sufrir un "envejecimiento prematuro" a causa de la exposición a la ingravidez durante el vuelo espacial.

Es bien sabido que la desorganización molecular y celular y el descenso del rendimiento fisiológico que acompañan al envejecimiento no proceden al mismo ritmo en todos los miembros de una población de la misma edad cronológica (3-6). Esto justifica la introducción del concepto de edad biológica (o funcional) así como el uso de biomarcadores o parámetros cuya determinación revela el grado de senescencia que ha sufrido el sujeto investigado.

De este modo se pueden valorar los efectos sobre el envejecimiento de los diversos estilos de vida así como el grado de pérdida funcional sufrido por los sistemas fisiológicos de cada sujeto, con el objeto de aplicar tratamientos individualizados de medicina geriátrica preventiva (7,8).

Puesto que el paso del tiempo se asocia con una gran variedad de alteraciones a todos los niveles de organización biológica, no es dificil seleccionar una serie de parámetros bioquímicos, fisiológicos y psicológicos que cambian con la edad y que pueden ser sometidos a análisis estadísticos para poner de manifiesto las relaciones entre edad biológica, edad cronológica, pérdida de salud y expectativas de longevidad.

La investigación más exhaustiva es la de Borkan y Norris (4), realizada en mas de mil varones participantes en el estudio longitudinal del envejecimiento humano del Centro Gerontológico de Baltimore, sugiere que no es correcto definir la edad biológica integrada, pues, en lugar de una sola edad biológica, los datos sugieren que un sujeto tiene varias edades biológicas, una diferente para cada sistema fisiológico, ya que se puede ser biológicamente más viejo en unos sistemas que en otros.

El análisis retrospectivo de los datos de Baltimore también reveló que los sujetos que presentaban cierto número de parámetros "más envejecidos" que los de la mayoría de las personas de su misma edad cronológica tendían a morir prematuramente.

Concretamente, según el estudio de Borkan y Norris, los siguientes parámetros presentaban diferencias significativas entre los sujetos longevos y los que morían prematuramente: función respiratoria, tensión arterial sistólica, y tiempos de reacción. "Los interesantes resultados obtenidos en la investigación de Baltimore sugieren que ya es posible realizar una medicina geriátrica preventiva basada en la detección de los parámetros anormalmente envejecidos (factores de riesgo) y la pronta instauración de medidas destinadas a frenar la involución de los sistemas que en cada persona constituyen su talón de Aquiles"

EFECTOS BENEFICIOSOS DEL EJERCICIO FISICO SOBRE LOS PARAMETROS DE EDAD BIOLÓGICA:

El ejercicio físico frena la pérdida de función que muestran con el paso del tiempo los parámetros de edad biológica.

FUNCION RESPIRATORIA: El ejercicio mejora la ventilación pulmonar y la potencia inspiración-espiración (9).

El ejercicio también contribuye a "mantenerse en forma", lo que incluye un efecto favorable sobre "la capacidad de reacción ante un estímulo, o tiempo que se tarda en reaccionar" (9).

Además el ejercicio tiene efectos beneficiosos sobre otro importante biomarcador de envejecimiento prematuro, o sea la hipertensión (10): "En cuanto a la acción del ejercicio crónico, es decir, el que se lleva a cabo tras la repetición de numerosas sesiones de entrenamiento, sobre la hipertensión arterial, se han publicado un número de trabajos, la mayor parte de los cuales evidencian una disminución más o menos acusada de los dos componentes (sistólico y diastólico) de las cifras tensionales".

Similarmente comenta Hagberg (11) que dos tercios de las personas que padecen hipertensión sistólica y realizan ejercicio físico muestran un descenso del 7% del valor tensional, de modo que la actividad física puede estAr indicada para tratar la hipertensión de las personas mayores.

Además de los efectos antes mencionados sobre los más importantes biomarcadores que predicen la duración de la vida, el ejercicio también preserva otros parámetros de edad biológica que ejercen un marcado efecto sobre la longevidad activa y calidad de vida en general de las personas mayores.

Entre estos efectos favorables destaca la preservación de la masa y fuerza muscular, que declinan con el paso del tiempo a causa de la atrofia progresiva ligada al envejecimiento celular de las células terminalmente diferenciadas (13, 14) y de la atrofia por desuso, que muestran los sujetos sedentarios. Gutmann y Hanzlíková (15) resumen los efectos beneficiosos del ejercicio sobre la pérdida de rendimiento muscular que ocurre con el paso de los años con este comentario: "Los musculos entrenados muestran los efectos de la activación neuronal, lo cual lleva a un proceso de recuperación más rápido y a una mejor cordinación de los grupos musculares." Además, éstos autores también comentan sobre la acción protectora contra la atrofia por desuso de la que se benefician los músculos que mantienen una constante actividad funcional: "Los músculos forzados a una actividad rítmica en el proceso respiratorio no muestran el marcado descenso en la síntesis de mediadores ni en la velocidad de contracción".
La importancia de evitar la atrofia por desuso también se confirma por las investigaciones de la NASA sobre el "envejecimiento prematuro" del sistema músculo-esquelético en los vuelos espaciales (Miquel y Souza, 16). El dato más interesante es la pérdida de calcio en los huesos de los astronautas, que, debido a la falta de estímulo trófico ligada a la ingravidez que se da en los vehículos espaciales, sufren un proceso similar a la osteoporosis de muchas personas de edad avanzada (17). Para prevenir este envejecimiento precoz de sus huesos, los astronautas americanos y los cosmonautas rusos realizan ejercicios físicos como pedalear en bicicleta fija durante sus viajes espaciales. Esta simple medida preventiva ha demostrado una mayor eficacia para combatir el problema de la osteoporosis precoz que los tratamientos farmacológicos (17).
Otras funciones que declinan con el envejecimiento y pueden mejorar como resultado del ejercicio físico son las ligadas a una buena salud mental (Oña Sicilia, 18; Blain et al., 19) y a la función inmune, cuya eficacia tiene una marcada relación con las expectativas de longevidad (De la Fuente y cols., 20; De la Fuente y Miquel, 21).
Merecen especial mención los efectos del ejercicio sobre una de las mas importantes causas de mortalidad prematura en los paises industrializados, o sea la enfermedad coronaria (22). De acuerdo con la mencionada acción favorable del ejercicio sobre la tensión arterial, y con los estudios de Morris (resumidos en la ref. 23), comparando la incidencia de la enfermedad coronaria en conductores y cobradores de los autobuses de Londres, así como en carteros y funcionarios de trabajo sedentario, se acepta que el ejercicio "moderadamente vigoroso" o "vigoroso" protege contra dicha enfermedad en sujetos de edad comprendida entre los 35 y los 64 años. La revisión de Paffenbarger et al., (23) concluye que un gran número de estudios recientes, realizados en hombres y mujeres de diferentes grupos raciales y profesionales, confirman que el ejercicio protege contra la patología coronaria y previene la mortalidad prematura.

Conclusiones: El ejercicio como factor clave de un estilo de vida conducente a una mayor longevidad

La bibliografía revisada apoya la opinión de que la práctica regular del ejercicio físico contribuye a conseguir una longevidad más activa y con mejor calidad de vida. Así, concluyen Gutmann y Hanzlíkova (15): "Está demostrado que el deterioro funcional que ocurre al envejecer puede retrasarse en las personas habitualmente activas. La actividad física contribuye a conseguir un 'envejecimiento con éxito', es decir un proceso de envejecimiento en el que la capacidad funcional se mantiene y utiliza más eficientemente que en las personas inactivas. Experimentos en animales y estudios longitudinales y transversales en sujetos humanos probablemente prueben en el futuro que el ejercicio físico lleva tanto a un aumento de la longevidad (dentro de los límites genéticos) como a un descenso del ritmo del envejecimiento". También comenta Zaragoza (9): "Es muy importante el efecto del ejercicio sobre la salud y los hábitos de vida. Su práctica habitual disminuye la incidencia de enfermedades, mejora el rendimiento en el trabajo, disminuye la tensión y el estrés, proporciona reposo y sueño más satisfactorios y en conjunto da la sensación subjetiva (que se apoya en todos los datos objetivos enumerados) de que se goza y disfruta de mejor estado de salud". Y, en conclusión, comenta el ya mencionado Bortz (1): "Para mi el ejercicio es esencial para vivir la vida plenamente".
Como complemento a la labor de los expertos en medicina del deporte (interesados en contribuir a la obtención del máximo rendimiento con preservación de la salud), muchos cardiólogos, gerontólogos y especialistas en medicina preventiva estudian el papel del ejercicio físico como uno de los ingredientes esenciales de un estilo de vida que retrasa o mejora las consecuencias del envejecimiento. Este concepto está de acuerdo con los datos de Paffenbarger y cols. (24) sobre el efecto de cambios en el estilo de vida de 10.269 ex-alumnos de la Universidad de Harvard, de edades comprendidas entre los 45 a los 84 años al iniciarse el estudio en 1977. Se demostró que la disminución del riesgo de mortalidad asociada con la mejora de dos factores clave del estilo de vida en el período de estudio (1977-1985) era la siguiente: abandono del tabaquismo: 41%; práctica de una actividad deportiva relativamente vigorosa (de una intensidad igual o mayor que 4.5 equivalentes metabólicos): 23%.
Otro factor esencial de un estilo de vida para conseguir una longevidad con salud es una nutrición adecuada que, junto con el ejercicio, contribuye a preservar las funciones del sistema inmunológico (De la Fuente 25; Miquel y González-Gross, 26). El ejercicio también puede frenar el envejecimiento a través de sus efectos sobre el peso corporal. Según comentan Skelton y Skelton (27): "A través de miles de años de ayuno y escasa nutrición, el cuerpo humano se ha adaptado para almacenar nutrientes escasos. Hoy, particularmente en los Estados Unidos y Canadá, la combinación del sedentarismo y de un consumo excesivo de calorías impone una doble carga a un sistema fisiológico mal equipado para hacerle frente. Incapaz de librarse del exceso de calorías, la única defensa del cuerpo es almacenarlas. El resultado final es la obesidad, con todas sus consecuencias nocivas para la salud y la longevidad".
En síntesis, según Fraser y Shavlik (28), una diferencia de diez años en las expectativas de vida a la edad de 30 años está probablemente ligada a un estilo de vida que incluye el ejercicio físico (junto a una nutrición adecuada, no fumar y el control del peso corporal).

Una revisión crítica de la bibliografía apoya el concepto de que el ejercicio físico es un factor clave de un estilo de vida que tiene un efecto beneficioso sobre la longevidad funcional, previniendo algunas enfermedades degenerativas ligadas al envejecimiento. Más concretamente los datos sugieren que la práctica regular del ejercicio tiene un efecto "rejuvenecedor" sobre la edad biológica, que predice más exactamente la probable longevidad con preservación de las funciones fisiológicas (y consiguiente calidad de vida) que la edad cronológica.
La acción "anti-envejecimiento" se observa sobre todo en la influencia del ejercicio sobre los cambios ligados al paso del tiempo en el rendimiento cardio-respiratorio y tensión arterial sistólica, parámetros que, según los estudios sobre edad biológica realizados por el National Institute on Aging de los Estados Unidos en el Centro Gerontológico de Baltimore, tienen un gran poder predictivo en cuanto a las expectativas de vida de los sujetos investigados.
La acción frenadora del ejercicio físico sobre otros procesos degenerativos asociados con el envejecimiento (e incluso con la ingravidez de los astronauatas en los viajes espaciales), como son la osteoporosis y la disminución de la masa y fuerza muscular, también puede contribuir sustancialmente a la preservación de una edad biológica "más juvenil", con el consiguiente ahorro de gastos sanitarios y una mejor calidad de vida en las edades cronológicas madura y avanzada.

1. Bortz, W.M.: We Live Too Short. Bantam Books, New York, 1991, pp. 217-233.

2. Rosenfeld, A.: Prolongevity, Editor: Alfred A. Knopf, New York, 1985, pp. 228.

3. Hollingsworth, J.W. et al.: Correlation between tests of aging in Hiroshima subjects: an attempt to define "physiologic age". Yale Biol. Med. 38: 11-26, 1965.

4. Borkan, A. y Norris, A.H.: Asessment of biological age using a profile of physical parameters. J. Gerontol. 35: 177-184, 1980.

5. Benfante, R.et al.: Biological and social predictors of health in an aging cohort. J. Chron. Dis .38: 385-395, 1985.

6. Soler, A. et al.: Biograma: instrumento de análisis de edad biológica en grupos poblacionales diversos. Geriatrika 8: 3-9, 1992.

7. Miquel J.: Envejecimiento, edad biológica y farmacología preventiva. Pharmaklinik 5: 279-286, 1988.

8. Miquel, J.: Causas y prevención del envejecimiento prematuro. Geriatrika 10: 297-301, 1994.

9. Zaragoza, J.R.: Una Vida Larga y Sana, Planeta, Barcelona, 1990: p. 174.

10. Marcos Becerro, J.F.: La hipertensión en los ancianos. En: La Salud y la Actividad Física en las Personas. Mayores. Editor: J.F. Marcos Becerro et al., Vol. 1, 1995, pp. 260-261.

11. Hagberg, J.M.: Effect of exercise training in 60-90 year-old persons with essential hypertension. Am. J. Cardiol. 64: 348-353, 1989.

12. Tipton, C.M .et al., Influence of exercise intensity, age and medication on resting blood pressure of SHP populations. J. Appl. Physiol. 55: 1305-1310, 1983.

13. cardiovascular health and longevity: the scientific contributions of Jeremy N. Morris, DSc, DPH, FRC. Int. J. Epidemiol. 30: 1184-1192, 2001.

14. Paffenbarger, R.S. et al.: The association of changes in physical-activity level and other lifestyle

15. De la Fuente M. Sistema inmunológico y deporte. Selección 11: 125-134, 2002.

16. Miquel J. y González-Gross M.: ¿Podemos retrasar el envejecimiento? Nutrición o deporte. Selección 11: 172-178, 2002.

17. Skelton, N.K. y Skelton, W.P.: Medical implications of obesity. Losing pounds, gaining years. Postgrad. Med. 92-151-156, 1992.

18. Fraser.G.E. y Shavlik, D.J.: Ten years of life: is it a matter of choice? Arch.Intern. Med. 161: 1645-1652.

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