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26/12/14

Los límites naturales de la libertad y del "libre albedrío" - Dr.Joaquín Fuster

Es uno de los más eminentes científicos catalanes aunque se marchó de nuestro país en los ya lejanos años 60 para investigar en el Instituto de Max Planch. Es Joaquín Fuster, doctor en filosofía y medicina,actualmente es profesor distinguido de neurociencia cognitiva de la Universidad de California, en Los Ángeles, donde reside y desde donde investiga los múltiples misterios que encierra nuestro órgano más complejo y fundamental, el cerebro. Sabio total, Fuster es un raro caso de científico con una sólida formación humanista, lo que lo convierte en un hombre con la capacidad de explicar conceptos complejos y hacerlos accesibles y cercanos.
En su último libro, Cerebro y libertad, el doctor sigue profundizando en la corteza cerebral, la parte más decisoria del cerebro, desde donde se conciben y organizan las 'acciones con objetivo'. 
En su papel fundamental en nuestra toma de decisiones, Fuster cree que somos libres pero también que nuestra libertad está determinada por nuestra propia naturaleza. Hombre cordial, concienzudo y dicharachero, Fuster, que dedica su libro a su célebre hermano Valentín, también se ha ganado reputación internacional por sus estudios con primates y describir las 'células de la memoria', aquellas que actúan con rapidez ante una amenaza ya conocida.
Como gran divulgador, Fuster se ha destacado por establecer puentes entre conocimientos especializados cuyas infinitas ramificaciones son pasto de doctores y eruditos con asuntos de la vida cotidiana que todos podemos reconocer. Opina que la ciencia puede ayudarnos a tener una vida mejor y nos da claves esenciales para entender fenómenos como el nacionalismo, con el que se muestra muy crítico, o cómo la crisis en sí misma es mala para superarla. Y sí, es mejor tener mala memoria para ser feliz.


¿Dónde empieza el científico y empieza el filósofo?: Los dos, filósofo y científico, andan de la mano por los senderos de la filosofía natural, que es una de las ramas de la filosofía. Ahora bien, muchos científicos son filósofos, una y la misma persona, y frecuentemente terminan haciendo física o psicofísica. Tenemos casos tan célebres como Parménides, Aristóteles, Platón, Galileo, Newton, Mach, Helmholtz, madame Curie, sin olvidar a nuestros Santayana y Juan Luis Vives.
¿Debe un buen científico tener un buen conocimiento en humanidades y al revés?:  JF: Al buen científico le van bien las humanidades y desde luego también a la inversa. De todos modos, no hay deber alguno en ello. Pero, por otra parte, es natural que ambos, científico y humanista, se pregunten por qué estamos aquí y dónde vamos. Y, además, ambos son responsables a la sociedad en que viven para encauzarla con el saber y para crear el clima adecuado de mutua comprensión.
¿Puede la ciencia contestar a la pregunta de si somos libres?: Sí. He tratado de hacerlo en mis libros. El libre albedrío no es ni más ni menos que la capacidad para elegir. Albedrío implica un nivel de reflexión consciente que no es absolutamente necesario para la libertad. Muchas de nuestras decisiones son en buena parte intuitivas e inconscientes, marcadas por la 'circunstancia', como señaló Ortega. Lo de 'libre' es hasta cierto punto relativo, pues tiene límites físicos, no podemos volar porque no tenemos alas, y éticos o morales. Los últimos están dictados por la responsabilidad. Este es un límite ineludible para el individuo y para los pueblos: no hay libertad sin responsabilidad.

Volvamos al asunto de la libertad y sus consecuencias éticas. ¿Deberíamos juzgar menos severamente a un criminal si descubrimos que su cerebro es propenso al delito de forma instintiva?: Sí, aun sin descubrirlo, simplemente por intuición de lo posible. ¿Hasta qué punto han determinado los genes, la patología cerebral y 'la circunstancia' de aquella conducta criminal? En algunos casos es tan culpable el individuo como la sociedad en que ha vivido. En principio, y en cualquier caso, soy contrario a la pena de muerte. Pero eso sí, la ley y la sociedad exigen que se aísle a aquel individuo del contacto con los demás, excepto guardianes, médicos, trabajadores sociales, rehabilitadores, etc., para proteger a la sociedad. Es un imperativo que, aunque cueste dinero, hay que obedecer.

Vivimos en tiempos convulsos en los que parece que resurgen las guerras, las desigualdades atroces y donde reina la confusión. Como estudioso de la evolución, ¿cree que hemos evolucionado algo o vamos por ciclos?: La evolución es un fenómeno de poblaciones, no de individuos, aunque éstos se benefician del cambio que ha ocurrido en millones de antecesores. La evolución tiene un reloj lentísimo, cada ciclo se rige por una mutación genética que se ajusta y reajusta al medioambiente, proporcionando beneficios y pérdidas en cada reajuste. Unas cosas mejoran con ello y otras empeoran, y viceversa. Aunque cuesta creerlo, en algún continente, como Europa, la situación ha mejorado muchísimo, a pesar de las crisis recientes. 
¿Se da usted cuenta de la criminalidad bélica del siglo pasado? Dos guerras mundiales, la Guerra Civil española, Vietnam... Hay menos guerras, cuando menos en Europa, aunque persisten entre los fanáticos de todas las medias lunas del desierto asiático. El ciclo laboral es menos esperanzador. La clase media, la que de veras hace funcionar la economía, está en crisis en todas partes. Los ricos, arriba, siguen con su codicia y los pobres, abajo, con su miseria. 
¿Una solución evolutiva? Quizás sí. El altruismo, el espíritu de afiliación y la confianza en los otros y en el futuro, empiezan a atisbarse.
¿Puede la ciencia ayudarnos a vivir mejor, ser más felices?: Claro que sí, por ejemplo, con buena nutrición, buenas medicinas y sana convivencia fundada en el altruismo y la buena voluntad. Y la ciencia también nos enseña que el humor es saludable.

18/12/14

¿Existe el libre albedrío? .. Factores que determinan nuestras decisiones - Joaquín Fuster

Periodista: ¿Existe el libre albedrío?:  
Joaquín Fuster:  Sí. Es la capacidad de elegir entre formas de acción, incluyendo el no hacer nada, en el mundo que nos rodea. Esta capacidad tiene raíces profundísimas, algunas vienen de la evolución, otras de partes de la corteza cerebral, el órgano que más finamente nos ajusta al mundo que nos rodea y que contienen lo que Ortega llamaba la «circunstancia».
P: Elegir no siempre es fácil...
JF: Es muy difícil y está determinado por factores genéticos, impulsos primarios, la historia personal, el ambiente en el que vivimos. Y todo esto no es necesariamente consciente. Muchas de nuestras decisiones están dictadas por influencias talmente inconscientes. Obramos por intuición y la corazonada es un razonamiento inconsciente.
-Entonces, ¿hasta qué punto somos dueños de lo que hacemos?
JF: -Es posible argüir que nuestras neuronas son las que mandan. Pero esas neuronas, con su educación, porque están muy bien educadas, constituyen en realidad el yo, sobre todo las de la corteza cerebral. Y las decisiones y selecciones de conducta surgen de esta relación del yo con mi circunstancia, mucha de la cuál está dentro de nosotros. Y estas relaciones y su expresión final no son necesariamente conscientes, sino inconscientes
—Hay quienes sostienen que gran parte de lo que somos está determinado ¿Está Ud de acuerdo?..
JF: Es verdad que mucho de lo que hacemos está predeterminado. Y también se puede argüir que en los últimos pasos hacia la decisión, la cosa ya está determinada. A mi me interesa sobre todo, la corteza prefrontal, que es la última en desarrollarse en la escala evolutiva y durante el desarrollo [entre los 20 y 30 años]. Esta es la corteza que nos abre a lo futuro y contribuye muchísimo a las decisiones y elecciones que tienen importancia existencial. Es además el órgano de la creatividad. En esto hay que corregir a Ortega un poco. Porque él imaginaba que la circunstancia determina cómo somos y lo que hacemos, en una lucha constante entre el destino y la libertad individual. 
Y yo veo una dimensión más positiva: debido sobre todo al desarrollo de la corteza prefrontal somos capaces de inventar el futuro. Ahí está la raíz de nuestra imaginación y del lenguaje, que es algo privativo de nuestra especie.
-Los chimpancés pueden aprender el lenguaje de signos...
JF: Es sólo lenguaje simbólico.
-Qué diferencia hay con el nuestro, porque a veces son capaces de transmitir signos de una generación a otra...
JF: Signos, sí. Existen reflejos condicionados a ciertos sonidos, relacionados con ciertos impulsos vitales, con los que se pueden comunicar entre sí. Pero lo que no existe es el lenguaje proposicional o propositivo: la capacidad de crear estructuras nuevas de lenguaje que permitan dar sustancia a nuevos tipos de acción y formar, por ejemplo, leyes o reglas, no solo para nosotros sino para el futuro. Esto no lo tienen ningún animal. Tampoco los chimpancés.
—¿En el libre albedrío, las emociones donde quedan?
JF: Aunque no se quiera,  interviene en todas nuestras decisiones. Viene de las zonas profundas del cerebro, del llamado complejo reptiliano. Una de las influencias más importantes que llega de estos terrenos bajos es un fondo de alerta, de estar despierto, que se pone al servicio de todo.
—¿De ahí surgen las buenas o malas vibraciones?
JF: Sí, es una manera de decir, no sé por qué, pero tengo la intuición de que ha de ser así.
—La corteza prefrontal es como el director de orquesta del cerebro. ¿Que papel juega la educación recibida en el aprendizaje de esa "labor de dirección"?
JF: Una educación por así decirlo pasiva, sin guía, que no tiene hitos, no tiene señales, no permite al individuo aprender por sí mismo las ventajas de la demora de las recompensas. Esto es erróneo porque el niño no sólo ha de aprender a esperar sino que tiene que estar al tanto de cómo los otros también lo hacen. Y en el momento adecuado, de la forma adecuada, tiene que estar bajo la influencia del adulto. En la educación del niño es más importante el ejemplo que los discursos.


—¿Por qué algunas personas pueden resistir la atracción de los placeres inmediatos y perseguir objetivos a largo plazo, mientras que otras sucumben fácilmente y se apartan de sus expectativas?
JF: En algunas personas la corteza prefrontal se ha ejercitado intensamente en los años de la infancia y adolescencia. No se desarrolla físicamente en su totalidad hasta la tercera década de la vida. Mientras que en otras los impulsos biológicos, las hormonas o los instintos prevalecen porque tienen más poder, más intensidad, más potencia, más ejercicio en el curso de la vida.
—La semana pasada se publicó una investigación con monos en la que lograron cambiar sus decisiones mediante estimulación cerebral profunda. ¿Será posible en un futuro manipular nuestras decisiones mediante técnicas menos invasivas, como la estimulación magnética transcraneal?
JF: No. Por muchos motivos. Primero porque la estimulación magnética está focalizada en ciertas zonas del cerebro. Y nuestro libre albedrío está distribuido por todo el cerebro, sobre todo la corteza cerebral. Pero es posible con estas estimulaciones influir y sesgar nuestro juicio y nuestras decisiones. Pero el control de la mente en sentido amplio es inconcebible.
—En alguna entrevista he leído que usted cree en la intuición femenina...
JF: ¿Yo he dicho eso? [ríe]. La mente intuitiva actúa tanto en hombres como mujeres en casi todo lo que hacemos. El 90% de nuestra percepción es intuitiva, no consciente. Y tengo la impresión de que las mujeres tenéis una intuición extraordinaria con respecto a las relaciones sociales.

8/10/14

La intuición femenina es superior a la masculina en el área de las relaciones sociales - Dr.Joaquín Fuster

Joaquín Fuster: «Gran parte de nuestras decisiones siguen influencias inconscientes»

El catedrático de Psiquiatría acaba de publicar «Cerebro y libertad», sobre los cimientos cerebrales del libre albedrío:

El Dr. Joaquín Fuster (Barcelona 1930) es un prestigioso neurocientífico de la Universidad de Los Ángeles que se ha dedicado al estudio de la corteza prefrontal, en la que es todo un referente. Acaba de presentar también su libro «Cerebro y libertad», un tema controvertido entre los científicos.

—¿Existe el libre albedrío?: —Sí. Es la capacidad de elegir entre formas de acción, incluyendo el no hacer nada, en el mundo que nos rodea. Esta capacidad tiene raíces profundísimas, algunas vienen de la evolución, otras de partes de la corteza cerebral, el órgano que más finamente nos ajusta al mundo que nos rodea y que contienen lo que Ortega llamaba la «circunstancia».

—Elegir no siempre es fácil...
­—Es muy difícil y está determinado por factores genéticos, impulsos primarios, la historia personal, el ambiente en el que vivimos. Y todo esto no es necesariamente consciente. Muchas de nuestras decisiones están dictadas por influencias talmente inconscientes. Obramos por intuición y la corazonada es un razonamiento inconsciente.
-Entonces, ¿hasta qué punto somos dueños de lo que hacemos?
-Es posible argüir que nuestras neuronas son las que mandan. Pero esas neuronas, con su educación, porque están muy bien educadas, constituyen en realidad el yo, sobre todo las de la corteza cerebral. Y las decisiones y selecciones de conducta surgen de esta relación del yo con mi circunstancia, mucha de la cuál está dentro de nosotros. Y estas relaciones y su expresión final no son necesariamente conscientes, sino inconscientes.
—Hay quien sostiene que gran parte de lo que somos está determinado ¿Está de acuerdo?
—Es verdad que mucho de lo que hacemos está predeterminado. Y también se puede argüir que en los últimos pasos hacia la decisión, la cosa ya está determinada. A mi me interesa sobre todo, la corteza prefrontal, que es la última en desarrollarse en la escala evolutiva y durante el desarrollo [entre los 20 y 30 años].
Esta es la corteza que nos abre a lo futuro y contribuye muchísimo a las decisiones y elecciones que tienen importancia existencial. Es además el órgano de la creatividad. En esto hay que corregir a Ortega un poco. Porque él imaginaba que la circunstancia determina cómo somos y lo que hacemos, en una lucha constante entre el destino y la libertad individual. Y yo veo una dimensión más positiva: debido sobre todo al desarrollo de la corteza prefrontal somos capaces de inventar el futuro. Ahí está la raíz de nuestra imaginación y del lenguaje, que es algo privativo de nuestra especie.
-Los chimpancés pueden aprender el lenguaje de signos...
-Es sólo lenguaje simbólico.
-Qué diferencia hay con el nuestro, porque a veces son capaces de transmitir signos de una generación a otra...
-Signos, sí. Existen reflejos condicionados a ciertos sonidos, relacionados con ciertos impulsos vitales, con los que se pueden comunicar entre sí. Pero lo que no existe es el lenguaje proposicional o propositivo: la capacidad de crear estructuras nuevas de lenguaje que permitan dar sustancia a nuevos tipos de acción y formar, por ejemplo, leyes o reglas, no solo para nosotros sino para el futuro. Esto no lo tienen ningún animal. Tampoco los chimpancés.
—¿En el libre albedrío, las emociones donde quedan?
—Aunque no se quiera interviene en todas nuestras decisiones. Viene de las zonas profundas del cerebro, el llamado reptiliano. Una de las influencias más importantes que llega de estos terrenos bajos es un fondo e alerta de estar despierto, que se pone al servicio de todo.
—¿De ahí surgen las buenas o malas vibraciones?
—Sí, es una manera de decir, no sé por qué, pero tengo la intuición de que ha de ser así.
—La corteza prefrontal es como el director de orquesta del cerebro. ¿Que papel juega la educación recibida en el aprendizaje de esa "labor de dirección"?
—Una educación por así decirlo pasiva, sin guía, que no tiene hitos, no tiene señales, no permite al individuo aprender por sí mismo las ventajas de la demora de las recompensas. Esto es erróneo porque el niño no sólo ha de aprender a esperar sino que tiene que estar al tanto de cómo los otros también lo hacen. Y en el momento adecuado, de la forma adecuada, tiene que estar bajo la influencia del adulto. En la educación del niño es más importante el ejemplo que los discursos.
—¿Por qué algunas personas pueden resistir la atracción de los placeres inmediatos y perseguir objetivos a largo plazo, mientras que otras sucumben fácilmente y se apartan de sus expectativas?
—En algunas personas la corteza prefrontal se ha ejercitado intensamente en los años de la infancia y adolescencia. No se desarrolla físicamente en su totalidad hasta la tercera década de la vida. Mientras que en otras los impulsos biológicos, las hormonas o los instintos prevalecen porque tienen más poder, más intensidad, más potencia, más ejercicio en el curso de la vida.
—La semana pasada se publicó una investigación con monos en la que lograron cambiar sus decisiones mediante estimulación cerebral profunda. ¿Será posible en un futuro manipular nuestras decisiones mediante técnicas menos invasivas, como la estimulación magnética transcraneal?
—No. Por muchos motivos. Primero porque la estimulación magnética está focalizada en ciertas zonas del cerebro. Y nuestro libre albedrío está distribuido por todo el cerebro, sobre todo la corteza cerebral. Pero es posible con estas estimulaciones influir y sesgar nuestro juicio y nuestras decisiones. Pero el control de la mente en sentido amplio es inconcebible.
—En alguna entrevista he leído que usted cree en la intuición femenina...
—¿Yo he dicho eso? [ríe]. La mente intuitiva actúa tanto en hombres como mujeres en casi todo lo que hacemos. El 90% de nuestra percepción es intuitiva, no consciente. Y tengo la impresión de que las mujeres tenéis una intuición extraordinaria con respecto a las relaciones sociales.