23/5/15

La ciencia y el conocimiento son los puntos más altos del pensamiento de la humanidad. Es un ejercicio de la razón y de la humildad - Dr.Daniel Flichtentrei


En cada mesa familiar, en cada escuela, en cada reunión de amigos, alguien debería contar con pasión y con alegría que la ciencia y el conocimiento son los puntos más altos del pensamiento de la humanidad. Tenemos el deber de sembrar en nuestros hijos la semilla del saber auténtico y desarmar el círculo perverso de la estupidez como medida del éxito. 
Tiene que ser ahora ... no podemos esperar más. 
Tenemos que educar la sensibilidad de nuestros hijos para que sean capaces de percibir la arrebatadora belleza de la ciencia. 
Tenemos que protegerlos de la inmensa estupidez del mundo que se derrama sobre nosotros como una leche tibia, desnutrida y envenenada.
El Profesor Asistente Chao-Lin Kuo sorprende al Professor Andrei Linde con evidencia que soporta la teoría de inflación cósmica. El descubrimiento, hecho por Kuo y sus compañeros en el experimento BICEP2, representa las primeras imágenes de ondas gravitacionales, u ondas en el espacio-tiempo.
Estas ondas han sido descritas como "los primeros temblores del Big Bang".
ENTRE EL BIG BANG Y LA VIDA COTIDIANA: La arrebatadora belleza de la ciencia y la estupidez del mundo - Dr.Daniel Flichtentrei
Si nos excitan más el erotismo idiota de la tecnología lúdica, o la intimidad de las vidas huecas de la farandula, o nuestros intelectuales dedican su ironía tonta a comentar programitas de TV, mientras permanecemos ajenos a lo valioso y a lo trascendente, entonces, estamos mal, muy mal. 
Si no hemos sido capaces de organizar una sociedad que valore el saber riguroso por sobre la interpretación exasperada y la conjetura imprudente, entonces, es posible, que la banalidad nos vaya ganando la batalla.
En cada mesa familiar, en cada escuela, en cada reunión de amigos, alguien debería contar con pasión y con alegría lo que acaba de ocurrir. Tenemos el deber de sembrar en nuestros hijos la semilla del saber auténtico y desarmar el círculo perverso de la estupidez como medida del éxito. 
Tiene que ser ahora ... no podemos esperar más. 
Tenemos que educar la sensibilidad de nuestros hijos para que sean capaces de percibir la arrebatadora belleza de la ciencia. Tenemos que protegerlos de la inmensa estupidez del mundo que se derrama sobre nosotros como una leche tibia, desnutrida y envenenada.
NI LA ARREBATADORA BELLEZA DE LA CIENCIA PUEDE SACARNOS DE LA ARROLLADORA INMEDIATEZ, SUPERFICIALIDAD Y CHABACANERÍA QUE NOS ENVUELVE: Dr.Daniel Flichtentrei-
No nos damos cuenta. Sin que podamos advertirlo, la vida nos empobrece la perspectiva del mundo, nos encierra en una celda minúscula repleta de trivialidad y de mediocre acostumbramiento. 
Pero una mañana leemos una noticia que debería conmover y estremecer al mundo: un grupo de jóvenes científicos descubren las huellas gravitacionales del Big Bang en el cielo del Polo Sur. 
Entonces, reclinás la cabeza sobre el respaldo, respirás profundo, por la espalda te corre una gota fría y eléctrica. El cuerpo estremecido te obliga a sentir la inmensidad de las cosas, la infinita pequeñez de lo que somos. 
Huele a café y a tostadas. La mañana se despereza detrás de las ventanas. 
Miramos a la gente que nos rodea, encendmos la tele, la radio, abrimos el tu correo electrónico, Twitter; consultamos el Whatsapp...pero nada. 
Ese impresionante descubrimiento solo le ha puesto la piel de gallina a muy pocos. 
Intentamos comprender algo que nos supera. Investigamos, buscamos información que baje al nivel de nuestra ignorancia... el fundamento de lo que ha ocurrido. Y seguimos viviendo y trabajando como siempre, como si nada trascendente estuviera sucediendo. 
Buscamos en de la gente con la que comparta alguna señal, un gesto de asombro, un guiño de complicidad. Pero nada, nada.
En la portada del diario, debajo –y mucho más pequeño- del drama de Boca que no encuentra el equipo, de la cotización del dólar y de la huelga de maestros, un pequeño recuadro dice: “Detectan los ecos del origen del universo”.
AL MEDIODÍA vemos en un vídeo de youtube a ese puñado de gente sencilla investigadores que nos muestra que el universo pasó por una expansión brutal, muy rápida, al inicio de su existencia. Una billonésima, de una billonésima, de una billonésima, de una billonésima, de una millonésima parte de un segundo. 0,00000000000000000000000000000000001 segundos después del Big Bang. 
Que el universo surgió desde el vacío (cuántico) y que ese fenómeno dejó huellas en una radiación que nos llega hoy en forma de microondas gravitacionales de un proceso de inflación cósmica que comenzó hace catorce mil millones de años. 
Lo que han logrado registrar el la pistola todavía humeante después del disparo original. Eso, solo eso. Nada más.
Tengo la sensación de que algo así no ha conmovido a nadie. O a unos pocos, a muchos menos de lo que me hubiera gustado. 
De que todo sigue su curso sin verse afectado por los hechos. Como la tarde en que encontré a mi viejo muerto sobre el piso del living. Afuera pasaban los autos, rugía el motor del camión de la basura, unos chicos gritaban un gol en la vereda, llegaba el olor a fritura de milanesas desde la casa del vecino, en la tele una mujer con acento rumano daba el pronóstico del tiempo. Como si no hubiera ocurrido nada. Nada.
La ciencia es el punto más alto del pensamiento de la humanidad. 
Es un ejercicio de la razón y la humildad. Un trabajo paciente y austero –aunque cueste millones- que sabe esperar lo que sea necesario para que una hipótesis encuentre su confirmación. 
Mientras tanto habla con prudencia, advierte acerca de la fragilidad de lo que dice, busca evidencias que lo demuestren. Alejada de la conjetura arrogante que todavía sostiene a disciplinas enteras, de la seguridad falsa del que cree que lo que afirma no necesita pruebas, de las verdades rebeladas y de la certeza de los charlatanes. 
La ciencia espera, trabaja, observa, experimenta. Avanza sobre el camino que otros, antes, mucho antes, han desplegado a sus pies. Un eslabón, después otro, una mano tendida a otras que señalan un rumbo, una posibilidad. 
La ciencia es una empresa colaborativa por excelencia. Científicos como Alan Guth lideran equipos complejos de múltiples especialidades que convergen en un objetivo común. El saber circula ignorando las artificiales fronteras de las disciplinas. Los autores de lo que hoy ha sido posible confirmar son muchos y se remontan a la antigüedad. Los nombres más cercanos en el tiempo son: Einstein, Hawking, Arno Penzias, Robert Wilson, Paul J. Steinhardt, John M. Kovac. Pero la lista llega a Galileo, Copérnico, Kepler, Giordano Bruno, Newton. Porque cada uno se sube a hombros de sus antecesores para alcanzar con la mirada un horizonte un poco más lejano cada vez.
El Laboratorio Dark Sector, a un kilómetro del polo sur, aloja el telescopio BICEP2 responsable de la detección del eco del Big Bang en forma de ondas gravitacionales 
¿Cómo hemos llegado hasta acá?
No sé muy bien cómo hemos llegado hasta acá. Pero si somos insensibles a la exquisita belleza del cosmos tanto como a la imponente obra de construcción del conocimiento humano, es que llegamos al lugar equivocado.

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