17/6/13

La salud como un estado de equilibrio: Alimentación saludable, sexualidad responsable, cuidado de la piel y prevención de adicciones - Juan A.Yaría, M.Katz, G.Percossi y E.Chohuela

 

Vivimos los primeros años del siglo XXI y somos testigos privilegiados del extraordinario avance en el conocimiento científico que aplicado a la medicina ha arrojado luz sobre aspectos hasta ahora muy poco conocidos del organismo humano.
Disponemos de tecnología de imagen que permite estudiar y conocer  zonas del cerebro cuyas funciones desconocíamos y esa tecnología se puede aplicar “en vivo y en humanos”.
Conocemos cada vez más de diabetes, cada vez más de hipertensión arterial, cada vez más de las enfermedades coronarias, disponemos de mejores recursos tecnológicos y más potentes fármacos, sin embargo cada vez tenemos más personas enfermas de estas patologías. 
 
Parecería que algo no está funcionando del todo bien con este enfoque de la medicina actual que tiene su muy bien ganado prestigio por el contundente éxito obtenido a lo largo del siglo XX con la prevención y el tratamiento de las principales enfermedades transmisibles por vía infecciosa, pero que no se ha logrado posicionar de igual forma ante la transición epidemiológica ocurrida en las últimas décadas, y que ha implicado un aumento sostenido de la carga por enfermedades no transmisibles (ENT), siendo el problema de tal gravedad que ha llevado a la Organización Mundial de la Salud a definirla como la mayor pandemia del mundo actual.  
Las ECNT incluyen a las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, la diabetes y las enfermedades respiratorias crónicas. Si bien su génesis es multifactorial, entre los cuales se destacan factores ambientales, genéticos, demográficos, socioeconómicos y culturales, se ha comprobado que son un reducido grupo de factores de riesgo los que tienen la mayor incidencia en ellas y que tienen en común el ser dependientes de los estilos de vida, de alimentación y de las capacidades de afrontamiento a diversas situaciones de la vida cotidiana, y por tanto potencialmente  modificables.
Es así que se estima que cerca del 80% de las enfermedades cardíacas isquémicas, accidentes cerebrovasculares y diabetes, así como  hasta un tercio de las enfermedades oncológicas, podrían ser prevenidas, de poderse instrumentar campañas exitosas de educación y prevención que consigan generar compromisos firmes y responsables de cada persona y desde etapas bien tempranas, con los procesos de salud. Estas cifras alcanzarían por sí mismas para replantearse nuevos modelos y nuevas miradas hacia las formas como enfocamos la prevención y tratamiento de estas enfermedades.
Las ECNT son de tal entidad que dan cuenta del 45% de la carga de enfermedad a nivel global, una carga que repercute en la calidad de vida de las personas afectadas y en la calidad de vida de sus familias.
Las consecuencias económicas a nivel individual, a nivel comunitario y a nivel nacional, se pueden estimar con cifras que han logrado hacer tambalear hasta las economías más poderosas, pero lo que resulta inestimable e incomprensible es la pérdida de años de vida por muerte temprana, la pérdida de años de vida saludable por patologías evitables, a lo que debemos sumar la carga de infelicidad y padecimientos que el estar enfermo acarrea, sea a los pacientes, a su entorno familiar y a la comunidad toda. 



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