28/11/14

Mens Sana y corpore Sano: La salud del cuerpo es la condición primera e indispensable para la integridad moral e intelectual del individuo - Maimónides

Mosheh Ben Maimón - Maimónides o el Sefaradí: Filósofo, teólogo, talmudista, Médico y escritor judío español, nacido en Córdoba en 1135 y que falleció hace 810 años en El Cairo un 12 de diciembre de 1204, es considerado uno de los doce genios de mayor prestancia (por fijar una cifra) en la historia de la Humanidad.
La influencia de su obra y su pensamiento luego de más de 800 años de haber sembrado su legado, nos ofrece hoy la presencia de uno de los personajes más ilustres que han brillado en el mundo de las ciencias, de la jurisprudencia, de la religión, y de la medicina. Ha sido gracias a su labor que la cultura árabe se conoció en Europa. 
Quienes escribieron sobre él, declararon la dificultad que presentaron para encontrar las palabras apropiadas para definirlo:
- Maimonides: excelso escriturista, científico, sabio, filosofo y talmudista. Cordobés, por su patria nativa, o el sefaradí, (apelativo que tenia a gala ostentar como glorioso blasón, desde su asentamiento en Oriente o más concretamente en Egipto).
Maimónides o Rambam (por su acrónimo en Hebreo), (Rabbeinu Mosheh Ben Maimon) trabajó y luchó incansablemente por la unión y la confraternidad entre las tres grandes civilizaciones de la época (la greco-latina; la árabe y la hebrea),  honra inmortal del judaísmo y astro de primerísima magnitud en el cielo de la cultura, con el sello religioso y la verdadera grandeza... (tomado del artículo del Dr.Jorge Luis Bello).
Hijo de un juez, se educó en colegios musulmanes y judíos de Cordoba (España). Luego que la invasión almohade instaló la intolerancia en al-Andalus, sufrió persecusión por motivos religiosos, viendose obligado a huir a FEZ y luego emigrar definitivamente a Oriente, primero Palestina, luego Alejandría y finalmente a El Cairo donde falleció a los 69 años. 
Allí ejerció como médico de visir de Saladino Al-Fadil y guía espiritual de la comunidad judía de Egipto, siendo además su principal labor la de asentar en la teología hebrea los principios de la razón según la filosofía aristotélica, un papel similar al que cumplieron Averroes en el Islam y Santo Tomás de Aquino en el cristianismo, sobre quién Maimónides ejerció una extraordinaria influencia. 
La Guía de los perplejos (1190) es su obra más relevante en ese terreno. También realizó aportaciones notables a la medicina y a la jurisprudencia talmúdica. 
Sufrió continuas dificultades y persecuciones, tanto por parte de los musulmanes (denunciado como apóstata del islamismo, sólo la protección personal del visir de Saladino, al-Fádil, le salvó de la muerte), como de los judíos tradicionalistas que recelaban de su tendencia racionalista (llegando incluso a recurrir a la Inquisición para que condenara sus obras).
LA ETICA DE MAIMONIDES: El médico y escritor Marcos Aguinis, a traves de su obra "La ética de Malmonides" nos relata: "La obra de este sabio puede clasificarse en cuatro ramas principales: la astronomía, la rabínica, la filosófica y la médica.
Por mí profesión de médico, lo que más me atrajo de su obra fueron los conceptos de avanzada que en el área de la salud enunció, de tal forma que siempre ha sido considerado un adelantado, si bien y en merito a la historia no habría que olvidar mencionar los que lo precedieron, que al decir de los estudiosos eran los médicos provenientes del Califato Oriental como, Rhazes, Avicena, Haly Abbas o Isaac Judaeus; y de Occidente, Avenzoar y Averroes, este ultimo discípulo del anterior y ambos fervientes seguidores de las ideas de Aristóteles.
Pero mientras Avícena se esforzó por reconciliar el aristotelismo con las creencias religiosas comúnmente aceptadas, Averroes rechazó el papel de la religión en el conocimiento humano, postura que mereció la condena tanto de la Iglesia Cristiana como del Islam".
En esta línea, "Maimonides fue discípulo de Averroes , y si bien profesaba la antigua doctrina galénica de los cuatro humores, su enseñanza medica estaba basada en la entonces patologia humoral de Hipócrates y Galeno, de estricto carácter racional.
Por ello combatió duramente el uso de hechizos, amuletos y encantamientos en el tratamiento de los enfermos, estimulaba a sus discípulos a observar y razonar críticamente, y su propósito fundamental fue lograr terapéuticas eficaces.
Maimónides no se dedico a la medicina práctica hasta los últimos años de su vida, sus primeros conocimientos básicos sobre el arte de curar los recibio de su padre Maimon y de algunos médicos del Magreb. 
La circunstancia determinante para que se dedicara al ejercicio de la Medicina fue la muerte de su hermano David, acontecimiento que lo obliga a hacerse cargo del mantenimiento económico de toda la familia. 
"Maimonídes entiende que la salud del cuerpo es la condición primera e indispensable para la integridad moral e intelectual del individuo, a tal punto que lo eleva a la categoría de un precepto religioso característico del judaísmo".
"Su trabajo incorpora los principios higienistas de la medicina, instala un concepto revolucionario para su época cuando afirma en su Tratado sobre el régimen de la Salud que:
"la salud de la persona sana es anterior al tratamiento de la enfermedad…por eso tan solo los necios creen que el médico es necesario únicamente en caso de enfermedad declarada".
Nacen de esta forma los principios de prevención de la salud. Para él la idea de Salud no solo consistía en ausencia de debilidad y enfermedades, sino en una serie de factores anexos como ser el ambiente, las condiciones sociales adecuadas, la alimentación conveniente, el bienestar espiritual, etc.
Se podría decir que fue el inventor del concepto de Medicina Social, y dedujo, hace 800 años que todo lo que perjudica la felicidad del individuo es nocivo también para su salud y lo define: "todo enfermo tiene el corazón agobiado y todo sano rebosa de felicidad".
También llegó a afirmar nuestro sabio: "muchas enfermedades han desaparecido por el solo efecto de la alegría".
Oración de Maimonides: Ahora me dispongo a cumplir la tarea de mí profesión, Asísteme todo poderoso para que tenga éxito en la gran empresa.
Que me inspire el amor a la ciencia y a tus criaturas. 
Que en mi afán no se mezcle la ansiedad del dinero, ni el anhelo de gloria o fama, pues éstos son enemigos de la verdad y del amor al hombre, y me podrían también llevar a errar en mi tarea de hacer el bien a tus criaturas.
Conserva las fuerzas de mi cuerpo y de mi alma para que siempre y sin desmayos esté dispuesto a auxiliar y asistir al rico y al pobre, al bueno y al malo, al enemigo y al amigo.
En el que sufre, hazme ver solamente al hombre. Alumbra mi inteligencia para que perciba lo existente y palpe lo escondido e invisible.
Que yo no descienda y entienda mal lo visible y que tampoco me envanezca, por que entonces podría ver lo que en verdad no existe.
Haz que mi espíritu este siempre alerta, que junto a la cama del enfermo ninguna cosa extraña turbe su atención, que nada lo altere durante sus trabajos silenciosos.
Que mis pacientes confíen en mí y en mi arte; que obedezcan mis prescripciones e indicaciones. Arroja de su lecho a todos los curanderos y la multitud de parientes "aconsejadores" y "sabios" enfermeros, porque se trata de personas crueles que con su palabrerío anulan los mejores propósitos de la ciencia y a menudo traen la muerte a tus criaturas.
Cuando médicos más inteligentes quieran aconsejarme, perfeccionarme o enseñarme, haz que mi espíritu los agradezca y obedezca.
Pero cuando tantos pretenciosos me acusen, haz que el amor fortifique plenamente mi espíritu para que con obstinación sirva a la verdad sin atender a los años, a la gloria y a la fama, porque el hacer concesiones traería perjuicio a tus criaturas.
Que mi espíritu sea benigno y suave cuando camaradas más viejos, haciendo meritos a su mayor edad, me desplacen y bufen y, ofendiéndome, me hagan mejor, haz que también esto se convierta en mi beneficio, para que conozca algo que no sé, pero que no me hiera su engreimiento: son viejos, y la vejez no es un freno para las pasiones.
Hazme humilde en todo, pero no en el gran arte. No dejes despertar en mi el pensamiento de que ya se lo suficiente, sino dame fuerza, tiempo y voluntad para ensanchar siempre mis conocimientos y adquirir otros nuevos.
La ciencia es grande y la inteligencia del hombre cada vez más honda.


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