6/3/15

Un camino para mejorar los vínculos humanos en la pareja, con los hijos, con la sociedad - Sergio Sinay

Sergio Sinay Nació en Buenos Aires el 10 de agosto de 1947. Vive su infancia y adolescencia en La Banda (Santiago del Estero). Regresa a Buenos Aires al finalizar el colegio secundario. Sus padres son, Moisés (fallecido en 1999) y Miriam ambos son farmacéuticos. Está casado en segundas nupcias con Marilen Stengel, a quien conoció en el año 1992. Ella es licenciada en Letras, especialista en comunicación, escritora, ella es según las propias palabras de su esposo: "una mujer bella, sensible, inteligente, con notable creatividad, humor, empatía e intuición". 
Tienes un hijo, Iván, nacido en 1976, fruto de su primer matrimonio. Iván es músico, es un varón de profunda, sólida y espiritual masculinidad, que ha elegido una vida propia y la vive con responsabilidad. 
"Amo a mi mujer, amo a mi hijo, siento un profundo cariño y agradecimiento hacia mis padres y mi hermano"... nos cuenta Sergio Sinay en su biografía  http://www.sergiosinay.com/Biografia.aspx
     La lectura, la escritura y el fútbol fueron pasiones tempranas en en él y no las ha abandonada. También jugó al básquet y al ajedrez. Estudió sociología, y se formó en psicología gestáltica, en psicología transpersonal y enautoasistencia psicológica. 
Estudia astrología y sigue formándose en todo lo que le apasiona y le permite entender y entenderse y lo hará mientras viva. 
Está convencido de que "en esta vida somos eternos aprendices y que nunca nos graduamos "(afortunadamente). 
Debo mucho a mis maestros: a Norberto Levy, a Kita Cá, a Adriana Schnacke, a Mónica Nigro, a Jorge Genzone, a Pepe Presti, a Mimy Sirocco. Y a maestros que no conocí en persona pero me enseñaron y enseñan desde sus libros, ideas y palabras: Víktor Frankl, Carl Jung, Elisabeth Lukas, Fritz Perls, Ram Dass, Sam Keen, Erich Fromm, Martin Buber, Emmanuel Kant, John Cheever, Philip Roth, Raymond Chandler, los filósofos griegos, los existencialistas.
     Cuando escribo me siento feliz. Nunca sufro al escribir. Me habitan tantos textos, que no me alcanzará una vida para parirlos. 
Disfruto, trasciendo, descubro el sentido de mi vida al escribir.  
Amo la palabra y procuro honrarla cuando la uso. Escribir es reflexionar, hacerme preguntas, compartir la exploración, compartir los descubrimientos, comunicarme llegar al otro. 
El otro. Porque creo (es de veras un credo) que el otro es necesario e imprescindible en nuestra vida, que en él trascendemos, que él confirma nuestra existencia y que no hay yo sin tú, y es por eso que se dedica a explorar los vínculos humanos, a investigar en él mismo y en los demás, y el reflexionar y trabajar en estos campos constituyen el motivo más esencial de nuestra vida. 
     Porque ama la palabras se hice periodista a los 18 años, y lo ha seguido siendo aun cuando incursionaba en otras áreas. Escribió crítica de cine (ama el cine) y de libros, ha hecho entrevistas, crónicas, investigaciones. Fué jefe de redacción de las ediciones iberoamericanas de Selecciones del Reader´s Digest. En muchas de esas publicaciones colocó semillas que se hicieron árboles en sus propios, a veces sabiéndolo, a veces no.
     También se siente pleno cuando puede hablar con otros y ante otros, cuando puede construir un puente de palabras y cuando puede cruzar por él hacia un público con el que se  encuentra y con el cual, juntos, puedan construir esos puentes de comunicación humana. Cree en la pregunta como una herramienta fundamental de la conciencia.
Le gusta viajar, conocer culturas, ama a la Naturaleza y la respeta, ama a los animales, a los perros, los gatos, los patos y las gallinas y a los animales que habitan campos y selvas.
     Le enojan, y mucho, las arbitrariedades de los poderosos, las incitaciones obscenas de quienes crean falsos deseos para incitar al consumo salvaje, el materialismo desalmado, el egoísmo de quienes creen que vivir es tener y los que usan al otro como herramienta o como peldaño. 
Rechaza a los que invocan ideologías y consignas supuestamente progresistas para enmascarar su propia miseria moral. Y son muchos. Y los sufrimos. Con los contaminadores, con los depredadores, con los transgresores de normas y leyes (escritas o no escritas), con los corruptos y con los autoritarios tiene un rechazo visceral. 
     Admira a quienes sostienen sus valores y declaraciones con acciones y actitudes, a los que perseveran detrás de un propósito, a los que reniegan del facilismo, a los que hacen del amor un verbo. 
     Todo esto es solo la punta de su iceberg.

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