Pero eso tiene su contrapartida, que es que cuando las cosas van mal, el desgaste emocional es enorme, precisamente por la gran implicación de los profesionales.
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20/12/15
Síndrome de Burn Out y su relación con el vacío existencial - Dr. Diego Gracia Guillén
La medicina es una profesión que exige gran compromiso e implicación de sus miembros.
Se propone nada más y nada menos que curar a los enfermos, aliviarlos cuando la curación no es posible, y siempre consolarlos.
Es una de las llamadas “profesiones de cuidado”, las cuales tienen un conjunto de características comunes: se proponen ayudar a los demás a través de medios técnicos, que varían de unas profesiones a otras, y de elevadas cualidades personales.
Todos los roles de cuidado se basan en la relación interpersonal y, por tanto, exigen de quien los ejerce no sólo conocimientos y habilidades, sino también, y quizá principalmente, actitudes humanas y humanizadoras.
En este tipo de actividades hay una gran implicación personal de los profesionales, lo cual tiene grandes ventajas, pero también puede significar importantes inconvenientes.
La ventaja principal es la alta implicación emocional y, por tanto, la satisfacción profunda cuando las cosas van bien. Es el famoso “eros pedagógico” del que ya hablaba Platón, que cabe extender desde los profesionales de la enseñanza, los docentes, a todos los demás roles de cuidado.
Pero eso tiene su contrapartida, que es que cuando las cosas van mal, el desgaste emocional es enorme, precisamente por la gran implicación de los profesionales.
Esto, como es bien sabido, ha dado lugar a un síndrome específico, conocido en inglés con el nombre de burnout y en español como “síndrome de desgaste profesional.”
Es distinto de otros procesos que pueden parecer similares y con los que cabe confundirle pero que no se identifican con él, como la depresión o la ansiedad.
Hoy se considera una verdadera epidemia, con efectos devastadores sobre las profesiones de cuidado. De ahí que haya comenzado a hablarse muy seriamente del “cuidado del cuidador.” Si el cuidador no sabe cuidar de sí mismo, ¿cómo va a ser capaz de cuidar a los demás?.
Basta plantear el problema en estos términos, para advertir su similitud con otras formulaciones por lo demás clásicas.
En el escrito hipocrático sobre el médico se lee: “La mayoría de la gente opina que quienes no tienen un cuerpo en buenas condiciones no pueden cuidar bien de los ajenos.”
La expresión más concisa de este problema la tenemos en el proverbio o sentencia griego que nos han transmitido diversas fuentes, y que es popularmente conocido por formar parte del evangelio de san Lucas: iatré, therápeuson seautón, “médico, cúrate a ti mismo.”
La expresión parece tener un sentido claro, diáfano. Sin embargo, ha recibido diferentes interpretaciones a lo largo de la historia, todas las cuales resultan pertinentes a la hora de aclarar el tema que nos hemos planteado, el de la salud física y mental de los profesionales del cuidado en general, y de los profesionales de la salud, en particular.
En un contexto teológico, como el lucano, la frase significa “sálvate a ti mismo”.
En el contexto médico hipocrático, “cúrate a ti mismo”.
En el filosófico-socrático, “conócete a ti mismo.”
En el psicoanalítico, “analízate a ti mismo”.
Y hoy, en el contexto de las profesiones de cuidado, “cuídate a ti mismo.”
El texto analiza esos cinco significados de la expresión.
Y ello porque el síndrome de desgaste profesional no tiene tanto que ver con cuestiones de hecho, como pueden ser la rutina profesional, la falta de tiempo o el exceso de pacientes, cuanto con la incapacidad del profesional de manejar adecuadamente los conflictos de valor. No se trata, por ello, de un problema directamente patológico o psiquiátrico, al menos en el sentido que usualmente se da a esos términos, sino de una cuestión más sutil, a la vez que mucho más importante.
Se trata del modo como los profesionales manejan el mundo de los valores.
Es un problema de valores. De ahí que no sirvan como terapéutica las recetas puramente farmacológicas.
Este problema no se arreglará más que con una mejor educación de los profesionales y de la sociedad en el manejo de los valores.
Esa es la gran asignatura pendiente en los programas formativos y, por supuesto, también en la educación de los profesionales sanitarios.
Padecemos una ceguera fatal, que nos hace pensar que la salud y la enfermedad son cuestiones de hecho y no problemas de valor.
Y esa desorientación conduce irremisiblemente al fracaso del acto médico. Las expectativas del paciente no se verán adecuadamente recompensadas mientras no se atiendan estos aspectos.
Ese es el origen de la mayor parte de las frustraciones que sufren los profesionales. Es curioso que la frustración haya progresado al mismo ritmo que la tecnificación de la medicina. Resulta paradójico que cuanto más poderosa es ésta desde el punto de vista técnico, y por tanto mayor dominio de los hechos, tanto diagnósticos como terapéuticos, tiene, mayor sea la frustración, no sólo de los pacientes sino también de los profesionales.
Indudablemente, aquí hay algo que no funciona. Y ello no es otra cosa que los valores.
Clase Mag.istral del Dr.Diego Gracia Guillén en la Real Academia de Medicina de España
Factores que contribuyen a la salud física y emocional: valores humanizadores y sentido de vida - Alejandro De Barbieri
Viktor E Frankl, médico, fundador de la Logoterapia, afirmaba que la trayectoria de una vida no podía conocerse únicamente a través de un eje horizontal que va del éxito al fracaso.
Mucha gente evalúa el grado de satisfacción en su vida según esta polaridad. Este autor denomina “homo faber” al ser humano que realiza una lectura de su vida desde este eje horizontal, considerando exitoso en el amor a aquel que tiene pareja y fracasado el que no; exitoso a aquel que tiene trabajo y fracasado el que no.
Para muchas personas, basta con esta visión lineal para definir si es feliz o no. Pero Frankl complementa este eje con otro vertical, en cuyo extremo superior encontramos la realización del sentido de la vida y en el inferior, el desinterés por la vida, la “apatía” o el sinsentido. En esta linea vertical estaría el “homo patiens”, el hombre que evalúa su vida entre el sentido y el sinsentido.
Se forma así una “cruz de hilos”, con cuatro cuadrantes, a partir de la cual la vida se puede valorar desde el éxito o fracaso y desde el sentido o el sin sentido. De esta manera encontramos cuatro posibles situaciones:
- la persona exitosa desde el homo faber (logros), pero vacía desde el “homo patiens” (sin sentido en su vida).
- la persona exitosa desde el homo faber y con una vida con sentido.
- la persona que se siente fracasada y sin sentido en la vida.
- la persona que no ha obtenido aquello que socialmente se requiere para ser “exitoso”, pero que vive una vida con sentido.
Esto nos habla de la vivencia de los valores en nuestra sociedad: se puede ser feliz con o sin trabajo, no estamos condenados a la infelicidad por no tener trabajo o por no estar en pareja o por no estar casados.
Todo psicoterapeuta que en su consulta recibe el drama de una persona que sufre por no tener trabajo, intenta ayudarle a que cambie de actitud, a que desarrolle sus aptitudes y poder así encontrar un nuevo trabajo. Ambos aspectos son importantes: lo que se hace y la actitud con la que se hace.
Si limitamos este esquema al ámbito de lo laboral, podríamos encontrar las siguientes opciones:
Si limitamos este esquema al ámbito de lo laboral, podríamos encontrar las siguientes opciones:
En el cuadrante superior izquierdo, estarían aquellas personas que están desempleadas desde el homo faber pero que viven esa situación con una actitud positiva. Pueden sufrir la carencia de un trabajo, pero ser desempleado no es estar desocupado.
Podemos estar sin empleo, pero ocuparnos de nuestros hijos, de la familia y de mejorar nuestras capacidades para un nuevo trabajo.
En el cuadrante superior derecho, están aquellas personas que son “exitosas” desde lo que hacen, trabajo, familia y a su vez se sienten plenas en su trabajo.
En el cuadrante inferior derecho, están aquellas personas que tienen empleo pero su vida no tiene sentido. Puede ser algo transitorio (domingos de tarde por ejemplo), pero si esta situación se vuelve crónica, pueden caer en el llamado “Burn Out”, el síndrome de fatiga por estrés, cuando lo que hago me aleja de lo que soy .
Y por último en el cuadrante inferior izquierdo están aquellas personas que están en mayor grado de riesgo y vulnerabilidad psicológica: sin trabajo, desempleados y desocupados.
El riesgo de depresión aquí es muy grande, y es el cuadrante en que los agentes de salud mental debemos poner más énfasis y estar atentos. Puede ser un breve período de “vacío existencial”, o puede cronificarse, estancarse y crecer la idea de que “mi vida no tiene sentido”.
Estamos llegando a fin de año, quedan algunos días para reflexionar y evaluar lo vivido, lo sufrido y lo creado este año. Este cuadro nos ayuda a evaluar y aclarar en qué lugar estamos hoy en nuestra vida y respecto a nuestro año 2015.
Dice el poeta Jaime Sabines al inicio de este columna “No te deseo nada para el porvenir, deseo que puedas hacerte un pasado feliz”.
Cuando uno decide la vida que lleva, se siente libre, responsable y sale de la actitud de víctima. Yo elijo cada día lo que quiero vivir y cómo lo vivo.
Estamos llegando a fin de año, quedan algunos días para reflexionar y evaluar lo vivido, lo sufrido y lo creado este año. Este cuadro nos ayuda a evaluar y aclarar en qué lugar estamos hoy en nuestra vida y respecto a nuestro año 2015.
Dice el poeta Jaime Sabines al inicio de este columna “No te deseo nada para el porvenir, deseo que puedas hacerte un pasado feliz”.
Cuando uno decide la vida que lleva, se siente libre, responsable y sale de la actitud de víctima. Yo elijo cada día lo que quiero vivir y cómo lo vivo.
Si hay condicionantes (como siempre hay: familia, vínculos, trabajo, dificultades), puedo tomar una actitud respecto a lo que me pasa. Eso me hace decidir hoy cómo quiero vivir y lo guardo en mi pasado. Cuando el ser persona es ser libre y responsable, no soy una víctima del mundo en el que vivo, sino que hago algo con lo que me tocó. Eso me hace decidir cada día, y por lo cual mi pasado no me condena, sino que guardo en él el fruto de lo que decido hoy.
Usted ue qlee esta columna hoy y puede decidir enviarla a un amigo o quedarse pensando o cambiar de actitud.
Y en diez minutos, mañana, ya es pasado, ha pasado. Lo que elegimos guardar en nuestro pasado, es lo que depende en parte de nosotros. Esa parte es nuestra responsabilidad, nuestra habilidad para responder. Este año puede estar lleno de vivencias positivas y negativas; seguramente nos han ocurrido muchas cosas, hemos vivido situaciones positivas, otras no tanto. La vida incluye muchos si y muchos no. Al repasar este año, nos puede invadir un sentimiento de tristeza: es recomendable dejarlo venir, no luchar por cambiar ese sentimiento, aceptarlo, pero que no nos frene, y darle entonces un cierre distinto al año. Podemos tener en la memoria muchas imágenes que no queremos recordar, pero enfrentarlas nos dará el coraje para dar la bienvenida a lo que tenemos por delante así como para aprender de lo que pasó.
Si ponemos foco únicamente en lo negativo ocurrido, corremos el riesgo de frenarnos, de lastimarnos y de terminar convenciéndonos que “nada bueno paso”.
Si ponemos foco únicamente en lo negativo ocurrido, corremos el riesgo de frenarnos, de lastimarnos y de terminar convenciéndonos que “nada bueno paso”.
Si todavía tenemos presente en el corazón los testimonios de vida de los niños de la Teletón, que hace muy poco iluminaron nuestras vidas, nos tendría que bastar para poder levantarnos cada y honrar lo que el día nos trae. No es lástima, es coraje para enfrentar; no es compasión barata, es vivir incluyendo las dificultades diarias. Qué linda actitud nos enseñan estos niños: se puede vivir con esperanza y con alegría más allá de nuestras limitaciones físicas, psíquicas, sociales, etc.
Todos somos limitados en algo, pero no lo seamos en nuestra capacidad para cambiar de actitud, para asumir la vida con alegría y valorar lo bueno que nos pasó este año. No seamos limitados en la capacidad de soñar, en la capacidad de mirar a nuestro alrededor y ver posibilidades. Las personas fatalistas suelen prestar más atención a lo negativo. Pero atención: miremos con cuidado, detengámonos en cada sueño que tuvimos a principio de año y miremos ahora dónde estamos, cómo nos fue. ¿Podría haber salido mejor? Quizás si, pero salió como salió y ahora lo acepto, lo integro a la vida y doy gracias por estar vivo, por poder repasar mi vida, mis logros y mis temas pendientes.
Todo me recuerda que sigo caminando, que ha pasado otro año, como dice Benedetti: “otro año le has ganado a tus sombras”.
Seguramente algún lector al ver el cuadro del “Sentido el trabajo”, podrá verse reflejado en que este año pasó por los 4 opciones. Hubo momentos de plena felicidad, éxito desde el “homo faber” y plenitud desde el “ homo patiens”.
Seguramente algún lector al ver el cuadro del “Sentido el trabajo”, podrá verse reflejado en que este año pasó por los 4 opciones. Hubo momentos de plena felicidad, éxito desde el “homo faber” y plenitud desde el “ homo patiens”.
Quizás hubo otros días de tristeza, de soledad, de que nada tenía sentido, a pesar de seguir cumpliendo con sus obligaciones laborales y familiares.
Y hubo momentos en que dudó de todo. Esto nos recuerda lo que Frankl decía: “A la vida no se le pregunta por el sentido de la vida, sino que es la vida misma la que pregunta y nuestras acciones son la respuesta a esa pregunta.” ¿Cómo le vamos a seguir respondiendo?
Por eso mis deseos son los del poeta Sabines: “te deseo un pasado feliz”. El futuro traerá lo suyo y lo que nosotros queramos que traiga.
Por eso mis deseos son los del poeta Sabines: “te deseo un pasado feliz”. El futuro traerá lo suyo y lo que nosotros queramos que traiga.
Como decía mi amigo Lucas “cuando no esperas nada de la vida, todo lo que recibes es un regalo”.
Que este diciembre nos traiga “pocas expectativas” para celebrar cada semilla cotidiana de alegría y brindar; por que la vida es más fuerte que la muerte, que el dolor y que las tristezas que se empeñan en frenarnos.
No nos dejemos frenar, hospedemos los embates negativos, lloremos nuestras penas en silencio o en compañía (la pena compartida es la mitad de la pena dice Machado) y luego a salir a la vida que nos está esperando, caprichosa por seguir vivita y coleando, nos traerá alegrías y tristezas, nos traerá sufrimientos y felicidades, nos invitará a abrazarla más grande, a abarcar lo bueno y lo malo, los “éxitos y fracasos”; ya que como dice Kipling: “El éxito y el fracaso son dos grandes impostores”.
Publicado por Alejandro De Barbieri en su columna del Diario El País de Uruguay el 2 de diciembre de 2015
http://uy.emedemujer.com/bienestar/un-pasado-feliz/
7/1/15
El poder y el sexo funcionan a través de los mismos circuitos cerebrales y por eso al igual que las drogas pueden ser muy adictivos - Ian Robertson
Incluso ante minúsculas dosis de poder, nuestro comportamiento cambia. (Ian Robertson).
A todos nos gusta el éxito. Vencer los retos que nos plantea nuestro día a día nos hace sentir bien y a su vez nos estimula para afrontar y vencer nuevos desafíos.
Esto es lo que se conoce como winner effect o efecto ganador y de ello hablaremos con el psicólogo Ian Robertson en este capítulo de Redes.
Robertson nos mostrará cómo, bien dosificado, el efecto ganador impulsa la innovación y nos hace más competitivos.
¡Pero cuidado! No hay que dejar que el éxito nos domine, de lo contrario, el efecto puede mostrar su faceta más dañina.
Eduard Punset: Ian, lo primero que querría preguntarte es a ver si me puedes contestar por qué algunas personas creen que siempre van a ganar, que son ganadores, y otras son tímidas y no se ven para nada como ganadoras.
Ian Robertson: Es una pregunta muy buena, Eduard, y como en la mayoría de los casos no hay una única respuesta. Sin embargo, creo que las experiencias de éxito precoces y la confianza que generan son un factor clave porque lo fundamental del éxito es que el éxito llama al éxito. Se trata de un feedback positivo. Así que si tienes éxito en la vida, estás más preparado para tener éxito, vistos los efectos que el éxito provoca en la mente y el cerebro.
Eduard Punset: Ahora que te estaba escuchando pensaba ¿por qué demonios siempre queremos ganar a toda costa?
Ian Robertson: Queremos ganar por muchas razones, una es que nos hace sentir bien. Siii, nos hace sentir bien... es como una mini dosis de cocaína. Es como tomar una droga. Nos sentimos bien y repetimos aquello que nos hace sentir bien. Segundo, al ganar una vez probablemente volvamos a ganar en el futuro. Así que tenemos la anticipación de la recompensa. La gente que triunfa no tiene en cuenta las amenazas, se centra en las posibilidades de recompensa futuras.
Fue uno de los problemas de la crisis financiera de 2008, que durante al menos una década hubo un grupo de jóvenes financieros y banqueros conscientes de su éxito, que obtuvieron inmensos bonos, pingües beneficios, y que se sentían inmensamente poderosos al controlar los mercados del mundo entero, no estaban alerta, su atención estaba totalmente alejada de cualquier recuerdo de crisis o riesgo.
Eduard Punset: Pensemos por un momento en una cuestión que ha estado muy presente en la prensa. Sabes, trabajé varios años para el FMI y creo que él fue Presidente del FMI, Dominique Strauss-Khan, ¿no? ¿Cómo puede explicarnos brevemente un científico como tú algo que parece inexplicable para el resto de la humanidad?
Ian Robertson: Sí... Bueno, Dominique Strauss-Khan era un hombre extraordinario, con un gran talento. Fue una gran pérdida para el mundo porque era un hombre muy inteligente que hizo un trabajo fantástico, creo, como Director del FMI.
Pero tenía ese gran defecto de personalidad: parece que era adicto al sexo. Había tenido problemas con el sexo incluso antes del gran escándalo que provocó su caída y que él mismo confesó.
Disfrutaba de distintas prácticas sexuales muy a menudo y, ya sabes, las motivaciones y deseos humanos pueden verse condicionados por la práctica repetida, que puede aumentar todavía más el deseo. Y el poder, tener poder –él era un hombre muy poderoso- también aumenta el deseo sexual porque ambos funcionan a través del mismo mecanismo cerebral llamado "circuito de recompensa".
Así que cada vez que nos sentimos bien porque alguien nos elogia, algún colega se fija en nosotros o, sabes, practicamos sexo, es ese mismo circuito el que hace funcionar el sistema.
Eduard Punset: ¿Algunas neuronas se excitan?
Ian Robertson: Sí .. Sí, entonces, ya sabes: si consumes cocaína, por ejemplo... La razón por la que la cocaína es una droga adictiva es porque logra adueñarse del circuito de recompensa, o sea del grupo de neuronas que se encuentran dentro del cerebro y que producen dopamina.
Se asocia el incremento de la acción de la dopamina a sentirse bien, sentirse a gusto, sentirse recompensado de distintas formas. Las drogas pueden adueñarse de ese sistema, aunque tener poder, sabes, ser el responsable del FMI o ser el Presidente de un país.
Eduard Punset: Produce el mismo efecto.
Ian Robertson: Activa el mismo sistema e incrementa el deseo sexual y también te convierte en alguien más inteligente.
Y necesitamos líderes que ganen inteligencia al tener poder porque ser líder es muy estresante. Lo que hace la dopamina es reducir el cortisol, la hormona que provoca el estrés, de modo que las personas son más capaces de actuar al máximo nivel.
Por lo tanto, biológicamente, en términos evolutivos, los efectos del poder sobre el cerebro son necesarios para que tengamos líderes capaces de enfrentarse al estrés y de ser optimistas, que tengan visión de futuro para dirigir a la gente en tiempos de crisis.
Eduard Punset:Cuando hablas de la actitud hacia el éxito, en tu libro también aludes a la diferencia entre alguien muy predispuesto a utilizar el poder como Tony Blair y la gente que tiene menos poder. Entonces, ¿cuál es la diferencia entre ambos?
Ian Robertson:No me hice una idea clara del poder y de sus posibles efectos sobre la gente hasta que fui Decano de la universidad durante un breve período de tres años, con lo que tenía bastante poder. Bueno, era poco comparado con Tony Blair pero algo de poder sí, no obstante.
Y de repente me di cuenta de que no me gustaba especialmente tener poder.
No significaba nada para mí, mientras que hablaba con colegas que les encantaba tener poder. Así que la necesidad de ser poderoso es una de las motivaciones inconscientes básicas: las tres motivaciones principales son el ansia de poder, de éxito y de pertenencia.
Yo diría que mi subconsciente me pide éxito y sentimiento de pertenencia, no quiero…, no me llena de especial placer ni satisfacción tener poder pero a otros sí.
Y podría proceder de... creo que no entendemos el origen de todo esto: en parte puede ser biológico, las personas con más testosterona podrían ser más proclives a querer el poder pero también hay razones psicológicas, ya que tener poder es una forma de controlar.
Algunas personas que temen no ser capaces de controlarse pueden ser muy propensas a intentar conseguir poder para controlar a los demás.
Eduard Punset: Me acuerdo de que Antonio Damasio, el gran biólogo, sabes, que ha estado en Redes varias veces, siempre me solía recordar cúan importante es algo que tú también citas en tu libro: la suerte. ¿Cómo lo llamaríamos?, el contexto.
Y me estoy acordando de todas las veces que chicos y chicas jóvenes que han sufrido un desengaño amoroso... recordando a Damasio, solía decirles que cambiaran. Que cambiaran de país, de idioma, de entorno… ¿Estás de acuerdo con esto?
Ian Robertson:Sí, totalmente. Durante muchas décadas la psicología se ha centrado sobre todo en el individuo, ha tratado de entender la mente de cada persona.
Pero somos animales sociales y vivimos en un contexto social, conectados a otras mentes. La consciencia no existe si no es entre mentes, así que toda nuestra biología y psicología están conectadas con nuestro entorno.
Fijémonos en la adicción a las drogas, por ejemplo, la adicción a la heroína. Durante la Guerra de Vietnam un alto porcentaje de soldados americanos era adicto a la heroína lo que desató el miedo a una epidemia de toxicomanías cuando regresaran a Estados Unidos porque la experiencia decía que la gente no suele recuperarse de la adicción a la heroína ya que es muy difícil cambiar las circunstancias.
Sin embargo, la realidad demostró que la mayoría de estos heroinómanos, sí, la mayoría abandonaron su adicción fácilmente al cambiar. Su entorno cambió totalmente. Su adicción, la adicción que tenían a las drogas estaba condicionada por el contexto, el entorno.
Al cambiar totalmente el entorno, desapareció su adicción.
Eduard Punset:Escucha, hay una cosa que me gustaría preguntarte. En realidad son muchas, pero bueno, esta tiene que ver con el tema del papel de la edad.
Ian Robertson: La edad.
Eduard Punset: ¿Cómo diablos medís, calculáis el papel de la edad en el éxito o en nuestra capacidad de acostumbrarnos a las cosas?
Ian Robertson: Veamos, es una pregunta muy, muy interesante. Hay cambios, cambios biológicos inevitables que suceden con la edad pero también los hay psicológicos y el hambre de éxito que tienen los jóvenes es…
Los sacrificios que los jóvenes están dispuestos a hacer para triunfar en parte se deben al hecho de que ven el horizonte muy lejos, muy lejano, por eso están dispuestos a hacer sacrificios.
Para obtener beneficios en el futuro. Cuando se llega a nuestra edad, Eduard, el tiempo que queda es mucho más corto y, por lo tanto, en términos psicológicos empiezas a analizar los costes y beneficios de los sacrificios que estás dispuesto a hacer para conseguir el éxito.
Es la razón por la que a veces es mejor tener un jefe mayor en una organización y otras veces es mejor que sea joven, sabes, porque los que son como nosotros pueden ser menos ambiciosos.
En parte por razones psicológicas pero en parte también por razones biológicas. El motivo es que nuestros niveles de testosterona decrecen y también nuestros niveles de dopamina.
Cuando los niveles de dopamina en el cerebro se reducen, se ralentiza el funcionamiento del resto del cerebro por lo que el razonamiento va más despacio y decae también la agudeza mental.
Por eso, hay muchas razones que llevarían a pensar que el éxito es algo propio de jóvenes. Aunque debo reconocer que si nos fijamos en personas mayores con mucho poder como Rupert Murdock, el jefe de la empresa de medios de comunicación, o en algunos líderes chinos, nos encontramos con septuagenarios y octogenarios que tienen poder y dan la impresión de tener mucha fuerza todavía… agresividad y motivación que haría ruborizarse a más de un joven.
Se trata de personas excepcionales que tienen una energía excepcional desde que nacieron.
Esto podría explicar una parte de la historia. La otra tiene que ver con que al tener poder los niveles de dopamina y testosterona se mantienen altos por lo que ser el jefe de una gran organización o controlar a mucha gente pueden ser un fármaco anti-envejecimiento muy potente.
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1/12/11
Porqué las dietas no funcionan: estar en riesgo o estar en peligro - Dr. Jorge de Paula
“No esperemos resultados diferentes, haciendo siempre las mismas cosas” (Albert Einstein)
Nunca es demasiado tarde para empezar a cuidarse: quizá muchas personas puedan sentirse desanimadas luego de tantos intentos de controlar su dieta o de programar planes para realizar ejercicio. Los reiterados fracasos pueden llevar a la percepción de que uno, ya es un caso perdido.
Sin embargo existen multitud de estudios médicos que demuestran que nunca es tarde para empezar a cuidarse, porque aún pequeños cambios en la calidad y la cantidad de nuestra alimentación y en la cantidad de tiempo que dedicamos a la actividad física tendrán un impacto tan benéfico sobre nuestra salud que nos permite afirmar que personas de cualquier edad aumentarán su esperanza de vida y mejorarán su calidad de vida cuando empiezan a tomar el cuidado de su salud.
El secreto de este beneficio es que se logra cambiar la tendencia del riesgo, y con ello disminuir el peligro de una complicación mayor.
Comenzar a cuidarse implica “comer más vegetales que animales”, ya que son las dietas ricas en productos de origen vegetal, las más saludables, especialmente si las acompañamos de poca azúcar, poca sal y pocas grasas animales.
Y con respecto al movimiento deberíamos ser más como los animales que como los vegetales, ya que los animales se mueven, mientras que las plantas no.
¿Porqué fracasan tanto los intentos de hacer dieta, o de mantenerse en los planes de ejercicio?
- Existen muchas variables, pero uno de los puntos críticos es la relación entre SACRIFICIO Y BENEFICIO.
- Hay un momento hacia el final de la tercer semana de comenzada una dieta que uno comienza a tirar la toalla por el sacrificio que supuestamente está realizando para alcanzar cambios, y la no objetivación de los beneficios.
- Al no observarse los beneficios muchas personas se preguntarán: ¿para qué me sacrifico tanto si sigo pesando lo mismo y si no siento mejoría?. ¿Tanto sacrificio para qué?.
- El problema está en que los beneficios en general recién se empiezan a notar al cabo de tres meses. Este período que va entre el fin de las 3 semanas y los meses, es el período crítico.
¿Cuáles serían los principales consejos básicos para comenzar a cuidarse?
- En el año 2004 las 3 principales asociaciones médicas de USA: Asociación Americana del Corazón, la Asociación Americana de Diabetes y la Sociedad Americana de Cáncer determinaron 4 consejos básicos para prevenir no sólo las enfermedades CV sino también la diabetes y los cánceres:
- 1) Cuidar la dieta
- 2) Practicar actividad física
- 3) NO fumar en forma activa ni pasiva
- 4) Realizarse los chequeos médicos y las consultas oportunas.
¿Como se relacionan los factores de riesgo con la posibilidad de presentar un evento clínico, sea un infarto o un cáncer?.
Un Factor de riesgo se trata de una característica o condición biológica o un hábito de vida que aumenta la probabilidad (riesgo) de padecer una enfermedad cardiovascular (mortal o no), en aquellos individuos que lo presentan.
La presencia de un factor de riesgo no asegura que se vaya a desarrollar la enfermedad, como tampoco su ausencia garantiza una protección frente a ella, pero la presencia de un factor de riesgo y una exposición suficientemente prolongada en un contexto ambiental, psicológico y genético favorecedor incrementan mucho la probabilidad de enfermar.
Principales factores de riesgo a corregir:
Tabaquismo activo o pasivo
Hipertensión arterial (PA > 140/90 o tratamiento antihipertensivo)
Niveles de Colesterol LDL > 130 mg/dl
Niveles de Colesterol HDL < 40 mg/dl
Historia familiar de enfermedad vascular precoz
Obesidad (IMC 30 Kg/m2)
Sedentarismo
DIFERENCIA ENTRE RIESGO Y PELIGRO:
Riesgo implica la probabilidad de desarrollar una complicación, es una probabilidad numérica que puede o no puede suceder.
- Peligro es aquella situación en la cual la persona desafía al riesgo
- En la figura se presenta el caso de 2 personas Ricardo y Juana. Ricardo tiene un riesgo mayor pero su tendencia es más lenta que la de Juana que partiendo de un riesgo menor en el pasado, alcanzará y superará el riesgo de Ricardo en poco tiempo. Juana está en peligro, mientras que Ricardo mantiene el riesgo.
Leer desarrollo de este concepto en:
http://www.laverdadyotrasmentiras.com/medicina/pensar-que-pensamos/?print=1
- La persona que fuma está en riesgo. La persona que fuma y que se justifica, está en peligro.
- La persona con HTA tiene un riesgo. Pero aquel que tiene HTA y además dice, “yo como con sal y no me hace nada”, está en peligro.
- La persona con diabetes o con prediabetes y que cumple con el tratamiento tiene un riesgo, quién solo toma las pastillas y no cuida su alimentación está en peligro.
Por eso decimos que nunca es demasiado tarde para empezar a cuidarse, porque no hay ningún punto en el cual uno pueda decir: Es demasiado tarde para mí y ya no tengo nada que ganar”. Siempre hay algo para ganar!
“No esperemos resultados diferentes, haciendo siempre las mismas cosas” (Albert Einstein)
- “Es imposible aprender sobre lo que se cree saber”
Epicteto
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