19/2/20

La falta de educación en empatía y en emociones genera en gran parte toda esta intolerancia y esta violencia que estamos sufriendo: Dr.Francisco Varela



EXTRACTO DE LO CONVERSADO POR FRANCISCO VARELA A PARTIR DEL MINUTO 33, de esta entrevista de Christian Warnken. 
C.W.: También hay un tema muy hermoso, que es "La relación con el otro". Cuando tú hablas  de  todo el  tema  de  la  intersubjetividad...  son  palabras  feas,  palabras abstractas ¿no?
F.V.: Sí...pero tengo otra ... LA EMPATÍA.
C.W.:  A  propósito  de  lo  concreto  y  la  experiencia,  y  a  diferencia  de  la  poesía  que
trabaja  con  imágenes,  ¿al  pensamiento  abstracto  no  le  falta  algo? 
¿Podríamos trabajar con imágenes de repente?
F.V.: Pero es que no todos tenemos el don de ser poetas..
C.W.: No, pero yo no digo por tu escritura
F.V.: Pero es cierto, yo tampoco lo digo por defenderme de nada, lo que quiero decir es que
si yo pudiera ser poeta, mejor poeta o buen poeta, sería mejor.
C.W.:  Porque  las  palabras  nos  atrapan  también,  y  hay  un  lenguaje  que  quizás  en  su
manera de hablar o de ver el mundo trae esa congelación. Bueno,  el  tema  de  la  relación  con  el  otro.  En  esto  me  acorde  de  un  poeta,  de Rimbaud cuando dice: "Je est un otre". Lanza así esté joven en su manifiesto poético.
Hay  ahí  una  dimensión  para  la  ciencia,  para  la  experiencia  personal  y  una  ceguera
nuestra también.
F.V.:Exacto,  la  ceguera  que  está  ligada  a  todas  estas  tradiciones  que  van  a  tener  que  ir cediendo  paso  a  otras. Se  trata  no  solo  de  este  materialismo  reduccionista  sino  también  el pensar que la mente es un fenómeno individual, que está metido
en nuestra cabeza y que es privado. ¡Curiosa idea!: que la mente y la experiencia son una cuestión muy escondida que está toda metida en el cráneo; eso es lo que se llama individualismo, que es tradicional en occidente,  la  gente  no  concibe  pensar  de  otra  manera. 
Sin  embargo,  no  solo  en  otras tradiciones, sino que, en lo que vamos conociendo y avanzando en investigaciones, esa idea se cae a pedazos. 
La frase que yo uso es: mi mente es la otra mente. Por ejemplo, un estudio de un niño cuando crece, un estudio de algunas horas, muestra que un cuerpo con menos o más  cariño  es  modificado genéticamente, es  decir,  con  respecto  a  genes  que  se  abren  y  se cierran  hay  genes  que  se  abren  y  se  cierran.  
Ya  no  estamos  hablando  en  un  nivel psicológico  general,  aunque  también  es  cierto,  sino  que  hay  un  cambio  estructural,  está metido en los huesos y en la carne.
C.W.: ¿El afecto puede modificar un cuerpo? ...  Es decir, ¿el cariño que recibe ese niño,
un  tipo  de  cariño,  un  cariño  más  sistemático  por  ejemplo,  puede  hacer  un  cuerpo
distinto de otro niño que recibió otro tipo de cariño?
F.V.: Es, es un cuerpo distinto, tal cual.
C.W.: ¿Se podría hablar del poder biológico del amor, por ejemplo?
F.V.:  Ciertamente,  pero  el  amor  en  ese  sentido  es  una  palabra  que  nos  lleva  en  una
dirección que  es muy  general, menos específica. 
Yo prefiero hablar del poder  constitutivo de la empatía.  Por ejemplo en la educación, pensamos que lo más fundamental en la mente es  desarrollar  el  pensamiento  abstracto,  la  capacidad  de  razonar,  las  matemáticas,  el lenguaje,  pero,  en  realidad  una  de  las  formas  más  fundamentales  de  los  que  es  ser consciente de tener mente , es la empatía:
¿Por qué no desarrollar la empatía?
¿Porqué no tenemos  en  el  colegio  en  los  niveles  básicos,  además  de  Inglés,  Matemáticas,  Español y empatía?  
Esto,  por que  la  educación  emocional  es  tan  importante  para  un  niño  o  un  ser humano  en  general  que  cualquiera  de  las  otras  dimensiones. 
En  gran  parte,  yo  estoy convencido de que los problemas educacionales vienen porque a la gente no se le han dado las  herramientas,  no  ha  podido  conocer  que  la  educación  emocional  es  una  parte  integral del  crecer, y  así  entender,  por  ejemplo,  cómo  puedo  yo  jugar  con  está  empatía  de  las emociones  que  va  y  viene,  resolver  las  tensiones  y  los  conflictos.  
Esta  falta  de  educación sobre  la  empatía  y  las  emociones  es  parte  de  la  enorme  complejidad,  dificultad  de comunicación y parte del origen de la violencia. 
Y todo eso viene del hecho de tener la idea de que la conciencia es una cosa individual guardada en el cráneo.
C.W.:  Cuando  la  gente  habla  de  amor,  cuando  escribe  cartas  de  amor,  poemas  de
amor es porque hay una experiencia que está allí: ¿qué se puede adelantar de esto?
F.V.: Voy a hablar más bien de mi propia experiencia. 
De inicio  yo diría que el amor está basado  esencialmente  en  la  empatía,  es  decir,  es  el  hecho  de  que  yo  trasciendo  lo  que aparece  como  mis  límites,  como  mi  territorio,  trasciendo  ese  territorio  para  ponerme  en  el lugar  del  otro,  y  de  hecho  en  el  lugar  de  los  otros,  y  por  lo  tanto  soy  capaz  de  sentir,  de experienciar lo que es, no solo mi posición, sino la posición de los otros. Esa es la base de la  empatía  y  esa  es  una  cualidad humana,  tan  humana  como  tener  lulas  o  como  tener carne. 
Ahora, lo que yo he aprendido es que, como todas las cosas:
como la atención, como la capacidad de discriminar, de describir, que son cosas que se entrenan, que son parte de la exploración  de  la  experiencia,  la  empatía  es  una  experiencia  que  también  se  explora.
Cuando  uno  explora  la  empatía,  una  de  las  cosas  más  interesantes  es  la  impermanencia.
Cuando  yo  examino  una  experiencia  con  cuidado,  con  un  método,  con  paciencia,  durante periodos  largos  (que  es  en  el  fondo  a  lo  que  nos  invita  la  fenomenología  de  todas  las tradiciones),  lo  que  yo  descubro,  y  lo  que  otros  han  descubierto  antes  que  yo,  es  que  hay dos cosas: una es la impermanencia, es decir, el hecho de que eso constantemente cambia, constantemente  se  mueve,  no  tiene  un  punto  de  referencia fijo.  Mi  yo,  mi  sensación  de identidad  no  es  algo  que  a  lo  que  yo  pueda ponerle  el  dedo,  sino  que  está siempre  en movimiento.
Eso  es  lo  que,  en  la  bueno  tradición  de  la  fenomenología  budista,  se  llama, aunque  la  traducción  es  mala,  el  carácter  vació  de  la  identidad.  
La  traducción  es  mala porque en realidad la palabra shunia, que se traduce por vacío, y viene del sánscrito, es una imagen  que  se  usa  en  los  textos  originales  para  hablar  del  vientre    de  la  mujer  cuando  se hincha con  un  bebé.  Eso  es shunia,  nada  que  ver  con  vacío.  
Entonces  en  el  fondo  es  la prenies, es la plenitud, es lo que está tan lleno que es sobreabundante.
La sobreabundancia es otra palabra muy bonita que viene de San Juan de la Cruz, a mi me gusta mucho eso: el mundo  es  sobreabundante,  nunca  puedo  agotarlo  y  decir:  "esto  soy  yo,  aquí  estoy",  no, siempre  desborda. 
EL  mundo  es  tan  lleno,  siempre  está  híperrelacionado  y  determinado. E
so es muy bonito como descripción ontológica del mundo, como base para una metafísica es genial porque es como una visión muy femenina del mundo. 
Lo   bonito   es   que   al   mismo   tiempo   que   mi   identidad,   mi   experiencia   tiene   esa sobreabundancia,  se  acompaña  de  dos  cosas.  Por  un  lado  tiene  inteligencia,  es  decir,  yo conservo  mi  capacidad  de  discriminación.  
Aunque  hay  un  flujo  permanente,  hay  una inteligencia  que  permanece. 
Eso  es  lo  que  se  llama,  en  la  buena  tradición  budista,  el carácter despierto de  la  conciencia,  y  que  también  aparece  en  la  fenomenología  de  otra manera,  por  ejemplo Fich,  lo  llama  la  capacidad  del  observador  general. 
Quiere  decir  que esa  inteligencia  sigue  el  fenómeno.  Y  junto  con  la  inteligencia  hay  la  empatía  calurosa,  el sentimiento  de  ser  tocado  en  la  emoción  por  la  presencia  del  otro  y  la  existencia  del  otro. 
Entonces la compasión, la empatía tienen una profundidad tan grande como esté carácter de vació,  de  sobreabundancia  de  la  experiencia.  
Y  el  amor  se  funda  sobre  eso. El  amor  es  la manifestación constante de esas dos cosas: de la inteligencia y la empatía profunda,que va más allá de tú  y   yo, que es casi constitutiva de la base misma del ser.
El ser es al mismo tiempo,  inteligente  y  no  individual,  compasivo,  con  un  carácter  de  empatía  muy  abierta.
Entonces  cuando  tocamos  el  amor,  cuando  uno  se  enamora,  cuando  uno  ama  a  los  otros, cuando  uno  es  solidario,  cuando  piensa  en  la  importancia  de  que  los  otros  estén  bien,  esa manifestación es de esa capacidad humana. La buena noticia es que no podemos alinearnos de eso, eso siempre está allí. 
La dificultad es negarlo, aunque desgraciadamente es así muy a menudo, y queda muy circunscrito al círculo familiar, y no más allá.

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